53.- Café con (mala) leche

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pareja

Hoy estaba en una cafetería. A mi lado había un hombre, sólo, aburrido, serio. Hacía tiempo que se había tomado su café y cogió un periódico. Supuse que ya habría leído los demás pues no era el diario más apropiado para su clase e ideología (digamos que esto último saltaba a la vista). Estaba esperando a alguien, seguro.

Al rato llegó una señora, era su mujer. Llegó con su café, se quitó el abrigo y se sentó en la silla frente a la del hombre. No se saludaron, no se besaron, él ni siquiera despegó la vista del periódico que tan poco le importaba. ¿Ella tampoco le importaba?

Diez minutos estuve observando la escena y ninguno de los dos mostró el más mínimo interés en el otro. No se dirigieron una cordial palabra, ni una triste mirada.  Entre ellos no había amor, ni complicidad, ni odio. Sólo indiferencia; una triste escena que representaban a la perfección. El silencio y la mesa era lo único que les unía, y les separaba. Y allí los dejé.

Espero que hablaran y se dijeran que así no podían seguir; se separaran y cada uno rehaga su vida por su lado. Eso espero. Porque mucho más triste sería que fueran a casa, continuaran con su indiferencia y se denominaran una pareja felizmente casada.

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