77.- Los abrazos… ciegos

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abrazos ciegos

Ayer estuvimos en el cine viendo la última película de Almodóvar. Siempre me pasa lo mismo. Cuando comienzan a descubrirse detalles de su nueva película hago oídos sordos y me prometo que trataré de llegar “virgen” a la sala del cine, pero al poco tiempo me sale el cinéfilo obsesivo por saber cada uno de esos detalles que con tan cuentagotas reparte su director. Y siempre me pasa lo mismo, la mayoría de los giros argumentales y golpes de efecto que tiene la cinta ya me los sé, y estoy viéndola esperando a que ocurran.

La película está bien, tiene sus más y sus menos. Pasa sin pena ni gloria; no te emociona porque no es un drama, no te hace  reir porque tampoco es una comedia ni hace que te revuelvas en la butaca porque no es un thriller. Y a la vez pretende ser todo ello. Hay escena preciosas y planos que se graban en la retina pero es como si le faltara algo, un último giro, el golpe maestro, pues la escena en la que Blanca Portillo trata de cerrar el círculo queda vacía, falsa y previsible. Si en esa noche de confesiones dijera que fue ella quién conducía el coche que embiste al otro, comida por celos, me habría resultado más creible.

Pero la imagen que más me impactó de la película es aquella en la que hablan dentro del coche Lluis Homar (que se acaba de quedar ciego) y Blanca Portillo. La cámara enfoca a uno, a otra, a la carretera, otra vez a uno, a otra, y por un tiempo de dos segundos la pantalla del cine ,y por consiguiente toda sala, se queda en queda. Da el tiempo justo para pensar “¿qué me ha pasado? ¿veo? ¿se ha jodido la película? ¡ah, que lo hace para que veamos lo que él realmente ve!”

Cuando leí “Ensayo sobre la Ceguera” pensé que si algún día me quedara ciego me costaría Dios y ayuda recuperarme del golpe pues todos los recuerdos que tengo me han llegado por los ojos, y todo lo que más me gusta (el cine, la televisión, la fotografía o la lectura) entran por ese, para mí, primer sentido. Ayer por unos segundos volví a tener esa sensación y me vi, en la oscuridad del cine “viendo” con los oídos una película. Y no sé si me gusta mucho la idea.

Salgo del cine, eso sí, con la necesidad de ver “Chicas y Maletas” o en su defecto “Mujeres al borde de un ataque de nervios”. Notable Almodóvar, siendo generosos.

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