83.- Instinto Asesino en el cine

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Algún día voy a asesinar a alguien en el cine. Lo aviso. O mejor, lo juro.

No concibo mi vida sin cine, sin las buenas películas, sin el momento en el que las luces de la sala se apagan y comienzan los anuncios. Es como un ritual. Me gusta ir prontito para poder elegir las butacas. En el centro de la fila, centradito, y en el centro de la sala. No me gusta estar en la final de atrás, me parece que no vivo tanto la historia que me están contando. Me gusta tragarme la pantalla, y como soy quién coge los tickets, pues el resto a callar. Eso sí, pido a cambio respeto.

Pero cuando empieza la película… Puedo permitir pequeños comentarios, susurros… Pero algún día voy a cargarme a un maleducado de los que los domingos está plagado el cine. Y cuando digo maleducado  me refiero a la choni que grita y balancea toda la fila de butacas, al macarra que come triskis con la boca abierta, a la señorona que después de pasarte el abrigo de pieles muertas por toda la cabeza se pone a hablar con su amiga señorona de lo bien que trabajaba esa actriz en la película de Garci. “Que no coño, que es ¡¡¡Sandra Bullock!!!” me dan ganas de gritarles.

No soporto a los hombres que tienen encendido el móvil, les suena la melodía, tardan en encontrarlo, sigue sonando, lo encuentran… y lo cogen!!!! Y contestan!!!! El corazón se me acelera, la yugular se me hincha cual Patiño. Momento de sacar mi mejor arma de ataque, el SSSSHHHHH!!!!!! que retumba en la sala y hace, en la mayoría de los casos, que el maleducado susodicho lo apague.

Menos mal que los que me acompañan al cine ya me conocen y me dejan sentarme lejos del foco conflictivo. Pero alguna vez, pues broto. Una vez en el momento más interesante de una película un grupo de niñatas se comenzó a reir y a ¡¡¡pasarse politonos y fotos por el móvil!!! Claro, les ataqué con el tapón del agua y entonces se dieron por aludidas. Ahora entiendo por qué en los estadios de fútbol te lo quitan al entrar.

Pero si hay algo que me molesta y me crispa los nervios son las bolsas de plástico duras, las que hacen ruido. La gente con un poco de respeto (y dos dedos de frente) se pide una bolsita o una caja de cartón para echarse ahí las marranadas varias y no hacer ruido con el plástico. ¿Por qué esto no es obligatorio?

Suelen ser además bolsas enormes que nunca se terminan, y suelen estar entre las zarpas de macarras que mastican con la boca abierta. Eso si, tratan de meter la mano despacito en la bolsa para no hacer ruido, ¡¡pero hacen más!! ¡¡¡Que termine esta tortura cuanto antes, por Dios!!! En ese momento ataco con el arma de “mirada asesina”, también conocida como “da gracias de que no tengo rayos laser en los ojos”. Metemos también en el club de posibles víctimas a los que se llevan el bocadillo, la lata de cocacola (ppsss!!!!), o la botella de batido que antes de beber siempre hay que agitarla.

Y por favor, nada de arañar el cartón de las palomitas metiendo la manaza dentro para conseguir los piñones que no se han abierto, nada de sorber lo que no queda en el vaso o juguetear con la pajita y los hielos que quedan. Si se han terminado, ¡¡¡se han terminado!!! ¡¡¡Fin, no hay más!!!

Si fuera el dueño del cine crearía un sistema por el que, a cualquiera de los individuos antes señalados, y en pleno momento de “cómo estoy molestando al personal”, un enorme foco les alumbrara desde encima de la pantalla. Un foco de gran potencia que les pusiera en evidencia y casi les dejara ciegos. Seguro que así, se lo volvían a pensar dos veces.

Soy un ogro. Lo sé. Pero un ogro que ama el cine.

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2 comentarios sobre “83.- Instinto Asesino en el cine

    martuela escribió:
    1 abril 2009 en 18:00

    Me he dado por “super aludida” cuando he leido lo de arañar el carton para conseguir los piñones. Tambien tengo derecho a disfrutar de mis piñones no? jeje. Por todo lo demas totalmente de acuerdo, aunque hay veces kar que te pasas eh? aun recuerdo la vez que nos dijiste a Ana y a mi “quereis hacer el favor de respirar mas bajo?”

    Reconocelo tus compis de cine ya hemos aceptado todas todas tus rareza y recalco la de no comprar palomitas y comer de las de tus pobres hermanas….

    kwak escribió:
    6 abril 2009 en 0:41

    Y lo peor es que ahora han empezado a vender nachos en algunos cines. ¿¡Nachos!? Sí, con su bandejita de plástico ruidoso y salsa para que el de al lado se ponga a frotar los doritos contra ella… Desesperante.

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