303.- Cuento sin Final Feliz. Aún.

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Érase una vez un país que vivía en democracia, algo que los propios ciudadanos habían elegido en las urnas. Un día, unos a los que no les gustaba que todo el mundo viviera en igualdad de derechos y libertades decidieron levantar sus fusiles para hacerse oir. Pronto la gente se quedó en uno de los dos bandos y se produjo una terrible guerra entre ellos. Los que se habían sublebado ganaron y su cabecilla ocupó el cargo de jefe del país.

Los derechos se redujeron, las libertades también. Los ganadores ganaron mucho, y los perdedores lo perdieron todo. Todo y más. El miedo, el terror, las desapariciones, secuestros y asesinatos se sucedieron durante muchos años, pero nadie podía decir nada porque la ley del silencio marcaba el día a día.

Pero un día el dictador murió, y los vecinos del país vislumbraron una pequeña costura por la que romper el corsé que les oprimía. La luz, el color, los derechos, el progreso, la libertad… Querían recuperar el tiempo perdido, y eso pasaba por mirar hacia adelante, tratando de olvidar a marchas forzadas aquellos 40 años de oscuridad.

Pero los desaparecidos siguieron estándolo, los cadáveres siguieron enterrados en las cunetas de las carreteras, las familias continuaron sin saber qué había sido de su gente y los asesinos de su propios vecinos quedaron impunes, sin mancha alguna en sus vidas.

Una historia sin final feliz para muchos. Pero en algún momento habría que saldar esa cuenta pendiente, ¿no?.

3 comentarios sobre “303.- Cuento sin Final Feliz. Aún.

    Marta escribió:
    15 abril 2010 en 16:15

    Somos demasiados y no podrán pasar
    por encima de los años que tuvimos que callar
    por los libros prohibidos y las entradas secretas
    Por todos los que un día se atrevieron a gritar
    que la Tierra era redonda y que había algo mas
    que dragones y abismos donde acababan los mapas
    Por las noches de vacío cuando te ibas a dormir
    esperando que la suerte vuelva a sonreír
    con los ojos abiertos esperando un milagro

    Siento que llegó nuestra hora
    esta es nuestra revolución

    Somos demasiados y no podrán pasar
    por encima de la vida que queremos heredar
    donde no tenga miedo de decir lo que pienso
    por todas las canciones que empiezan a nacer
    para no ser escuchadas y al fin lo van a ser
    cantadas con rabia por los que siempre callaron

    Siento que llegó nuestra hora
    esta es nuestra revolución
    Somos una luz cegadora
    fuerte, mas brilante que el sol
    (Revolución, este es el día de la revolución)

    Por todas las canciones que empiezan a nacer
    para no ser escuchadas y ala fin lo van a ser
    cantadas con rabia por los que siempre callaron

    Siento que llegó nuestra hora
    esta es nuestra revolución
    porque siento que este es el momento
    de olvidar lo que nos separó y pensar en lo que nos une
    (Revolución, este es el día de la revolución)
    Esta es nuestra revolución

    Sara escribió:
    15 abril 2010 en 17:16

    Carlos, te cito el día 24 de este mes en Madrid.

      Carlos respondido:
      15 abril 2010 en 19:54

      Imposible, estoy de noche. ¿Lo dejamos para Mayo? Eso o entresemana.

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