agujero

342.- Al Otro Lado…

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…de la Nube Negra. Allí era dónde Sabina pedía que le esperaran: donde no quedan mercaderes que venden soledades de ginebra, al otro lado de los apagones, al otro lado de la luna en quiebra, allí donde se escriben las canciones con humo blanco de la nube negra.

La primera regla para salir del agujero es trepar, aunque te pese el culo y te dejes las uñas escarvando en la arena. Trepar, remar, luchar… da lo mismo. Paralizarse y lamentarse no sirve de nada. Sí, lo hiciste mal. Sí, pudiste hacerlo mucho mejor pero… ¿Y ahora? ¿Qué vas a hacer ahora? Todos queremos lo mismo de esta vida, ser felices. Pero no nos engañemos, nadie va a ser felíz por tí; si no lo eres es porque no estás dispuesto a luchar por ello.

Si algo me gusta de las nubes negras además de que anuncian una tormenta es que confirman que, al otro lado, el sol brilla aunque no podamos verlo. Por eso son tan negras, por la sombra que crea en ellas el sol. Uno, que está empezando a saber demasiado de nubes, anticiclones y borrascas pasajeras. Sólo me falta que un huracán (o en su defecto mi amada espiral de auto-destrucción) haga volar mi casa por los aires y la deposite en Oz.

Esto me recuerda que no tengo zapatillas rojas que me devuelvan a Kansas. ¿Alguien me presta unas?

(Por cierto, mi nube negra deja pasar algún rayito de sol: tengo trabajo)