bebé

178.- Recién Parida.

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Ayer leí un texto en EL PAÍS de Luz Sanchez-Mellado

que no puedo por menos que reproducir por lo mucho que me gustó.

parto

Mañana vuelvo al trabajo después del parto. No veo el momento. Voy más ancha que larga. He empalmado el permiso de maternidad y las vacaciones, pero 20 semanas no son nada para desembarazarse de los kilos del embarazo. Cuando llegué a 22 dejé de contarlos y aún tardé tres semanas en parir. Lo de dar a luz es un eufemismo de revista femenina. Lo mío fue un parto como está mandado. A pelo.

Me dejaron en dilatación diciéndome que iba para largo. Pero a la hora, mientras me clavaban en el lomo la banderilla de la epidural, vino la matrona, me metió mano y empezó a chillar que al paritorio, que ya. “Estas cuarentonas no tienen término medio, o van a cesárea o se les cae el crío a plomo”, oí que le decía a otra mocosa por lo bajinis. Me dolió, mira tú. Una cosa es ser primípara añosa y otra que te lo recuerden cuando estás en un ay, sudando a mares y con el culo al aire.

El celador fue más amable. “Levanta el culete, que nos vamos”, va y me dice el tipo, un yogurín cosidito de piercings. ¡Culete!, a mí, con semejante pandero. Qué mono. La niña salió en tres empujones, eso sí. Acababan de coserme los puntos de la episiotomía cuando noto un cosquilleo en los bajos. La epidural. Más vale tarde que nunca. No pegué ojo en tres días, pero tuve las piernas dormidas toda la noche, algo es algo.

De la lactancia ni hablamos. Que me perdonen las de la Liga de la Leche, pero yo me rajo. Aún tengo los pezones como badajos después de semanas ordeñándomelos sin saciar a la criatura. Desde que le enchufé biberones como extintores cada tres horas fue otra niña. Y yo, otra mujer.

Con mi poquita de depresión posparto, vale. Que parece que sólo la tienen las famosas. Que si Brooke Shields, o Gwyneth Paltrow, o cualquier guiri con glamour se confiesa en el Hola, le hacemos la ídem muertas de la empatía: qué sencilla, qué humana, cómo sufre. Pero tú, que tenías tantas ganas. Tú, que casi se te socarra el arroz esperando al padre perfecto. Tú, que te has pasado dos años en reproducción asistida visto que no aparecía. Tú ¿de qué te quejas, mona? De la vida. Mañana vuelvo al curro. Vuelvo a ser persona. No una alienígena como esa Miranda Rijnsburger, señora de Julio Iglesias, que salía de la clínica con los gemelos en brazos y los pitillo bailándole en las caderas. A mí también me baila la ropa. Me he agenciado un surtido de blusas flotantes y bombachos tipo Bollywood que ni me rozan las lorzas. Igual creo tendencia en la empresa. Para algo soy la jefa.

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141.- Embarazado.

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junior

Sí, la otra noche soñé que estaba embarazado, y la verdad resultó un poco raro. No sé a raíz de qué habían empezado a mirarme la tripa, se me había hinchado, y cuál no sería la sorpresa al diagnosticarme un embarazo: 4 meses de gestación.

Perplejo, no sabía como reaccionar a la noticia. ¿Cómo había podido ser? ¡¡Coño, que soy un hombre!! Un hombre sin… ¡¡Coño!! Repasaba la anatomía y aquello era más que imposible. Pero parecía que sólo era yo quién se sorprendía por la noticia. “¿¿Cómo no te diste cuénta de que tenías 3 retrasos??” me preguntaban amigos y familiares. ¡¡Pues porque nunca he tenido la regla!! ¿¿Es que nadie me entiende??

Ahora recordaba que hacía unos meses había tenido un pinchazo en la zona pélvica izquierda. Claro, estaría ovulando me respondía a mí mismo tratando de racionalizar la situación. Pero… ¡¡si no tengo útero!! ¿¿Dónde cojones se está gestando?? ¿¿En mi vejiga?? Imposible, imposible, imposible… Y, claro, tendrán que hacerme una cesárea. “No te preocupes si no te sube la leche – trataban de tranquilizarme – ya le darás biberón”.

No tengo ni idea de quién era el padre, o la madre, no sé como decirlo. Ni el sexo de la criatura ni si eran uno o dos dados los antecedentes familiares. Eso sí, al único que parecía preocuparle toda esa situación era a mí, para el resto era lo más normal del mundo. ¿¿Normal?? Madre mía, madre mía… ¡¡Y ahora vendrán los periodistas!!

Me desperté, busqué en internet qué podía significar aquello… y no encontré la respuesta. O mejor dicho, encontré muchas y muy distintas.