cabreo

370.- Las Aguas… ¿a su Cauce?

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Inspirar. Espirar. Soy una pluma. Soy un junco. Soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie, que cantaba el Dúo Dinámico. Ya. Ya me voy calmando. El enanito gruñón comienza a desaparecer. Shhh… Parece que el ogro que habita en mí se está durmiendo…

Nada. Que un día malo lo tiene cualquiera y ayer, como si del cuento de Dickens se tratara, tuve mi primer capítulo de “Canción de Navidad”. Ese donde se aparecen los espíritus de las navidades pasadas y las futuras y hasta el fantasma de Gosht para juguetear con la arcilla si le dejo. Me dan rabia esas historias inconclusas que de pronto vuelven a tu vida como esa puerta que creías cerrada y una corriente de aire vuelve a abrirla de golpe, de par en par, levantandote del susto las alas del corazón. Esto de las “alas del corazón” nunca lo he entendido bien pero cuando lo dice mi madre me parece tan visual…

Vendavales provocados por la ya tradicional Espiral de Autodestrucción: hoy tenemos Cena de navidad de Urgencias y la voy a coger con muchas ganas. Eso, unido al “frente frío”, pueden convertir la espiral en un auténtico tornado y quién sabe, quizás mañana Totó y yo no nos despertemos en Kansas. ¿Alguien tiene unos zapatos rojos del 40 para dejarme? Por si acaso…

 

369.- Hasta la Polla.

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Este no es la entrada que iba a escribir. Aunque también hablaba de cabreos, decepciones y venas hinchadas (y no me refiero a las de la polla, dejémosla tranquilita) pero para eso tengo mi propio blog, para desahogarme en él.

Quedan un par de semanas para que se termine el año y aún me quedan muchas cosas que hacer, la mayoría de ellas relacionadas con estas fechas tan entrañables y que cada vez me dan más para atrás. Empiezo a odiar los buenos deseos, los villancicos sonando por todos los lados, los acúmulos de familiares, las sonrisas forzadas…

Este año voy a pasar de hacer balance. Ha sido un año normalito, ni bueno ni malo. O mejor dicho con cosas buenas y malas. De entradas y salidas dejando más o menos huella. Creo que me estoy volviendo más pragmático, y creo que eso no me acaba de convencer. Pero, a base de palos, estoy aprendiendo que si es que no… es que no. Y dejémosnos de paños calientes. El frío, el viento y el sol curten nuestra piel y nos hace más duros. También menos sensibles, pero uno empieza a estar ya hasta la polla.

135.- Un Ogro habita en mí

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ShrekGrrrh

Un Ogro habita en mí, lo tengo comprobado desde hace algún tiempo. No sé su nombre, ni si realmente es verde o de qué color, pero sé que vive en mi interior. De vez en cuando, me gana la partida y sale a pasear. Grita, se le inyectan los ojos de sangre, en encoleriza y gruñe. Es el típico ogro gruñón de los cuentos. Malo, la verdad es que no es, porque después del chorreo en cuestión… desaparece. En esos momentos es mejor dejarle tranquilo, sólo en su soledad, en su rincón de pensar. Ahí, aunque no se le olvide el enfado y el cabreo (porque para rencoroso y orgulloso, él) va menguando, se va haciendo pequeño, hasta convertirse en algo diminuto. Disminuye y, a veces, hasta le he oído llorar.

Llevo un tiempo que lo controlo bastante bien. ¿Estará el ogro bien? ¿Estará bajo de defensas? Quizá tenga que hacerle un chequeo. O igual es que me ve de bajonillo y quiere dejare tranquilo. Creo que va a ser eso, sí. Esta semana podría haberme deshidratado de tanto llorar: semana de recuerdos, semana de echar en falta…