casualidad

349.- Semáforo en Rojo.

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Creo en pocas cosas, pero sí en las casualidades: estar en un lugar en concreto, en un momento concreto puede hacer que cambie tu vida sin ni siquiera pensarlo o quererlo. Para mí la vida es una consecución de casualidades. Da igual lo que yo haga, lo que la otra persona desee o lo que un tercer implicado quiera; da igual. Hay algo mucho más fuerte que todo eso y que no podemos (menos mal) controlar.
 

 Lo conducía un tío mayor que yo, y su copiloto era ella. Me mira, sorprendida. Yo hice lo mismo. Seguro que había pensado que nuestros caminos jamás se habría de volver a cruzar, pero… Una tibia elevación de cejas en señal de saludo que ella pronto captó. Sonrisas cómplices. De esas sonrisas que expresan más miedo que alegría.

Su conductor hablaba algo. Yo miro al semáforo. Dejo de mirar a la chica del coche de al lado. Miento. Vuelvo a mirar, pero esta vez al conductor. Vale, ya le conozco. Para mí es más fácil cuando les pongo cara a ellos, sus maridos. Sigo mirando al semáforo rojo y esperando como quién espera por placer. Nuestras miradas no vuelven a cruzarse. Mi semáforo cambia a verde y continúo mi ruta.

Imposible saber qué ha ocurrido en ese coche en esos apenas 15 segundos. Seguro de lo que ella ha sentido, sus ojos dicen más de lo que le gustaría que dijeran.

Hoy cuando volvía de trabajar me detuve en un semáforo en rojo. Cuando voy camino al trabajo odio tener que pararme, pero cuando vuelves a casa todo es distinto, no hay prisa, nadie me espera. En el carril de mi izquierda, en el mismo sentido que yo, un coche oscuro. “¿Te has fijado en el tipo del coche de al lado?” dice un anuncio de la televisión.

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250.- ¿Las Burbujas de Freixenet?

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A veces es el destino quién te lleva a un lugar en concreto en una fecha señalada. A veces es el destino el que te hace conocer a unas personas. Nostros llegamos a Urgencias cada uno en un momento, yo en un periodo de mi vida fundamental para crecer, y allí nos encontramos. El trabajo unió a personas muy distintas a los ojos de los demás pero demasiado iguales en los aspectos principales. Llegamos, nos conocimos y nos quedamos. A veces en el viaje que cada uno hace se cruza con otros de los que, afortunadamente, sabe que tardará en separarse.

Puede que no nos veamos en muchos días (pese a trabajar juntos), puede que no nos llamemos a diario, pero todos sabemos que contamos los unos con los otros para lo que sea, lo bueno y lo malo, y ponerle un poco de luz, calor y risa a cualquier esperiencia que nos ocurra. Un buen “akelarre” es la mejor manera de desahogarte, pedir consejo y endulzarte la vida.

No son todas las que están, pero están todas las que son, y brillan con luz propia aunque las bombillas llamen más la atención. Ya que este año no hemos tenido anuncio nuevo de Freixenet yo propongo a estas burbujas para que nos feliciten el Año Nuevo. ¿Les parece?

Hoy tocaba entrada “moñas”. La resaca me afecta.

132.- La Cita y la Estatua

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Esta entrada la escribí en mi antiguo blog hace exáctamente un año, a finales de mayo. Hoy me he acordado de ella y de todo lo que supuso, y me gusta publicarla de nuevo. Ahí va, en dos partes.

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Siempre he creído en la suerte. Bueno, más que en la suerte en el azar: en estar en el momento adecuado, en el lugar adecuado y elegir la opción adecuada. De hecho, así empecé por ejemplo a trabajar en el centro de salud de iturrama (me ofrecieron mi primer contrato a las 4 de la madrugada en fiestas de san adrián) o en urgencias (nunca, nunca, nunca me llevaba el móvil a enseyar, excepto esa mañana). Y así podría decir más.

Pero claro, a la suerte (decían unos que se habían forrado con un libro de autoayuda) había que buscarla y nunca despreciarla; ejemplo, no recoger una monedita de 2 céntimos del suelo era un signo de no “necesitar” ningún tipo de “fortuna”, así que uno, por si acaso, siempre las ha tratado como a pequeños polluelos decarriados y siempre las llevaba consigo hasta que ellas solas abandonaban el nido (dícese bolsillo de la chaqueta, cartera…) Por si acaso.

Pero nunca me puedo quejar; el por si acaso me funciona. Ahora bien, hay situaciones en los que más el azar, creo en la probabilidad. Una de ellas es la lotería. ¿Cómo puede ser que te toque? (Vale, este año le ha tocado El Gordo a una conocida). Pero, ¡es que de entre más de 65.000 bolas solo le va a tocar a una! Pero uno va y compra un décimo. Sabes al 99% de probabilidades que no le va a tocar (la probabilidad real de que te toque es de 0’0015%, ahí es nada). Pero compra el décimo porque tiene ilusión, y aunque suene a tonto “de ilusión también se vive”.

 

Plaza_Castillo_Pamplona-1 

Bueno, todo esto es para centrar un poco lo que me ha pasado hoy: Había quedado con una persona. Una persona que había conocido y que decidimos volver a vernos; a la vieja usanza, sin teléfono móvil ni nada por el estilo. Sólo el dónde y el cuándo de la cita lo sabríamos nosotros. Si yo llegaba tarde no habría modo de avisarle, si la otra persona cambiaba de planes no habría modo de aplazarla. (Hace 15 años -y menos- cuando no había móviles, la gente debía quedar así). Sabía al 99% de probabilidadesque no me iba a tocar la lotería, que no acudiría. Pero para saberlo, tenía que estar ahí. ¿Y si viene? Es más, ¿y si viene y yo no he ido? Y llegué. Alrededor de la estatua había gente paseando, con sus niños, abuelos charlando… Pero ni rastro de mi cita. Llegué y esperé. ¿Cuánto se tiene que esperar? ¿Cuánto esperaría? Pronto se acerca una chica joven a la misma estatua que yo rondaba. Mira a un lado, mira a otro. Me sonríe. Yo no soy al que espera. Saca el móvil y trata de marcar un número. (Esta chica no tiene paciencia!!! Si acaban de dar las 7!!!) Llega un chico y la agarra por la espalda. Es él. Yo sigo esperando. Miro las caras de la gente que cruza la plaza, apenas recuerdo la suya. Sólo su voz, sólo su acento, su sonrisa, su risa. Podría reconocer su risa aunque pasara un año completo, con sus días y sus noches. Y sigo esperando. No desespero. Si viene bien, y si no… salud!! que es lo que suelen decir tras la lotería. Empiezo a elucubrar sobre por qué no habrá aparecido: ¿se habrá acordado? ¿no habrá querido? ¿no habrá podido? Sea cuál fuera la excusa no había forma de avisarme. El sol se va metiendo y su luz naranja ya no ilumina la plaza, se arrincona en unas pocas fachadas. La estatua parece mirarme y mandarme a casa “ya has esperado bastante”. Quizá sea ella quién le vea esperar luego, o mañana, o nunca lo vea. Quizá luego vaya esperando que yo esté esperando. Quizá. Me fijo en que alguien se ha olvidado algo sobre los pies de la estatua. Lo cojo. Lo guardo. Es un amuleto. ¿A la suerte no había que buscarla? Saco un rotulador de mi bolso y con el permiso de Carlos III escribo en el granito de su peana: “Te esperé”.

 Hechos reales edulcorados un poquito

(A Dani, por leerme. Ves, yo ligué, pero ahí se quedó todo)

61.- Me vieron, me buscaron…

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Segunda parte de la entrada número 29 del blog, de la que dejo el enlace:

https://tengomipropioblog.wordpress.com/2009/01/26/29-te-vi-te-busco/

“…Debo confesar … que tengo la esperanza de que alguna vez alguien me haya visto (aunque con la memoria a corto plazo que tengo dudo que recuerde si llevaba el jersey azul, si bebía kalimotxo o si leía a Neruda)…”

¿Y si me vieron un 9 de octubre?

¿Y si han estado cinco meses buscándome?

¿Y si me han encontrado?

¿Y si no me llegan a tocar las entradas?

¿Y si no hubiera ido al preestreno de la película?

quemar