coche de al lado

349.- Semáforo en Rojo.

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Creo en pocas cosas, pero sí en las casualidades: estar en un lugar en concreto, en un momento concreto puede hacer que cambie tu vida sin ni siquiera pensarlo o quererlo. Para mí la vida es una consecución de casualidades. Da igual lo que yo haga, lo que la otra persona desee o lo que un tercer implicado quiera; da igual. Hay algo mucho más fuerte que todo eso y que no podemos (menos mal) controlar.
 

 Lo conducía un tío mayor que yo, y su copiloto era ella. Me mira, sorprendida. Yo hice lo mismo. Seguro que había pensado que nuestros caminos jamás se habría de volver a cruzar, pero… Una tibia elevación de cejas en señal de saludo que ella pronto captó. Sonrisas cómplices. De esas sonrisas que expresan más miedo que alegría.

Su conductor hablaba algo. Yo miro al semáforo. Dejo de mirar a la chica del coche de al lado. Miento. Vuelvo a mirar, pero esta vez al conductor. Vale, ya le conozco. Para mí es más fácil cuando les pongo cara a ellos, sus maridos. Sigo mirando al semáforo rojo y esperando como quién espera por placer. Nuestras miradas no vuelven a cruzarse. Mi semáforo cambia a verde y continúo mi ruta.

Imposible saber qué ha ocurrido en ese coche en esos apenas 15 segundos. Seguro de lo que ella ha sentido, sus ojos dicen más de lo que le gustaría que dijeran.

Hoy cuando volvía de trabajar me detuve en un semáforo en rojo. Cuando voy camino al trabajo odio tener que pararme, pero cuando vuelves a casa todo es distinto, no hay prisa, nadie me espera. En el carril de mi izquierda, en el mismo sentido que yo, un coche oscuro. “¿Te has fijado en el tipo del coche de al lado?” dice un anuncio de la televisión.

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