coche

358.- Qué Asco.

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“¡Qué asco!”. Eso es lo que no paraba de repetir mi amiga Jennifer mientras Paul nos enseñaba subidas en su super cochazo cómo había quedado la ciudad después de los bombardeos. Yo siempre he querido tener un coche así, de ese mismo rojo y con esa misma tapicería de cuero tan estupenda. Quizá se lo pida a papá para reyes.

Sandy no paraba de sacar fotos con su móvil 3G. “Qué fuerte tías, las amigas de la uni no se lo van a creer; ¿cómo pueden vivir así?”. Yo también me lo pregunté. Y Paul. Y Susan. Tuvimos que suspender pronto el tour por las ruinas de la ciudad porque Jennifer empezó a marearse y no queríamos que vomitara. No hay nada peor que ver a una chica vomitando, y como a ella le gusta Paul, pues hubiera sido horrible. La verdad es que no sé cómo aguantamos, porque el olor era insoportable. Además, nos pusimos perdidas de polvo. Después de ahí nos volvimos para el hotel. Beirut tiene unos hoteles preciosos.

Fotografía de Spencer Platt – Premio World Press Photo 2006

Texto rescatado del anterior blog, Febrero 2007

349.- Semáforo en Rojo.

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Creo en pocas cosas, pero sí en las casualidades: estar en un lugar en concreto, en un momento concreto puede hacer que cambie tu vida sin ni siquiera pensarlo o quererlo. Para mí la vida es una consecución de casualidades. Da igual lo que yo haga, lo que la otra persona desee o lo que un tercer implicado quiera; da igual. Hay algo mucho más fuerte que todo eso y que no podemos (menos mal) controlar.
 

 Lo conducía un tío mayor que yo, y su copiloto era ella. Me mira, sorprendida. Yo hice lo mismo. Seguro que había pensado que nuestros caminos jamás se habría de volver a cruzar, pero… Una tibia elevación de cejas en señal de saludo que ella pronto captó. Sonrisas cómplices. De esas sonrisas que expresan más miedo que alegría.

Su conductor hablaba algo. Yo miro al semáforo. Dejo de mirar a la chica del coche de al lado. Miento. Vuelvo a mirar, pero esta vez al conductor. Vale, ya le conozco. Para mí es más fácil cuando les pongo cara a ellos, sus maridos. Sigo mirando al semáforo rojo y esperando como quién espera por placer. Nuestras miradas no vuelven a cruzarse. Mi semáforo cambia a verde y continúo mi ruta.

Imposible saber qué ha ocurrido en ese coche en esos apenas 15 segundos. Seguro de lo que ella ha sentido, sus ojos dicen más de lo que le gustaría que dijeran.

Hoy cuando volvía de trabajar me detuve en un semáforo en rojo. Cuando voy camino al trabajo odio tener que pararme, pero cuando vuelves a casa todo es distinto, no hay prisa, nadie me espera. En el carril de mi izquierda, en el mismo sentido que yo, un coche oscuro. “¿Te has fijado en el tipo del coche de al lado?” dice un anuncio de la televisión.

335.- Condensador de Fluzo.

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Aprovecho este espacio para pedir un favor a la gente que lee esto. Tengo un colega que quiere montarse un Delorean como el del chiflado doctor Brown de “Regreso al Futuro”. Para eso necesitamos, además del coche, el famoso Condensador de Fluzo. Ya hemos buscado en internet pero no hemos encontrado nada a un precio asequible, así que si desde aquí puede echarnos una mano le estaremos agradecidos.

La idea es poder viajar en el tiempo como en la película y hacer unos pequeños retoques en su vida reciente. Pequeños cambios en el pasado que logren grandes resultados en el futuro. Ya sabemos qué día caerá el rayo sobre el reloj por si no hubiéramos calculado bien la cantidad de plutonio y en qué momento hay que poner el cronómetro.

Sin todo funciona según lo previsto quizá sea recompensado. Quizá.

320.- Diez Pistas Útiles.

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No, no somos ni Romeo ni Julieta, digo… ni Miss Marple, ni el detective Poirot ni siquiera Jessica Fletcher. Pero después de haber crecido con Se ha escrito un crimen, Diagnóstico Asesinato y todas las versiones de los CSI podemos decir que hemos aprendido a analizar a las personas. A descubrir esos pequeños detalles y gestos que dicen de una persona mucho más de lo que parece. Estas son nuestras cuestiones en las que fijarse:

Diez Pistas Útiles para Conocer al Personal:

  • 1.- Cuál fué su último disfraz de carnavales. Si no se suele disfrazar mal empezamos, soso, mas de soso. Muchas veces no es lo mejor el disfraz si no el “arte” con el que lo lleves. Porque no es lo mismo comprate un disfraz de fraile que hacerte un traje de Bob Esponja. El disfraz con más puntos sin duda sería el que nos hicimos de Pamela Anderson como vigilante de la playa.
  • 2.- Si tiene hermanos o es hijo único. Los hermanos son sinómino de peleas, luchas, tirones, escupitajos… pero también de compartir, ceder, sacarte las castañas del fuego y pensar no solo en tí. Los hijos únicos siempre me han parecido un poco raritos malcriados.
  • 3.- Las veces que se ríe al cabo del día. Y el modo  en que se ría, a mi me encanta la risa cochinilla de mi hermana. Ambas cosas nos dirán el grado de feliz que esa persona y la capacidad de hacerte a tí la vida un poco más llevadera.
  • 4.- El modelo del coche que tiene. Y, muy importante, los accesorios: lunas tintadas, alerones, bajos arreglados, pegatinas de llamaradas, dados de peluche… Nos indicarán el grado de macarreo de la persona en cuestión. Otro dato importante es el cariño que tenga a su automóvil y lo que contenga su maletero: no es lo mismo que el 80% lo ocupe un “subwofer” para los altavoces, a que lleve una barquilla de espárragos y una manta. El mío parece un probador de Zara, dicho por mi hermana y con toda la razón.
  • 5.- La última película que ha visto en el cine. Y claro está las veces al año que puede ir. Porque como la última sea de cuando costaba 700 pesetas lo llevamos “clarinete”. Y si además fue “Rocky”, “Gosht”, “El Rey León” o lo que es peor “Transformers 2” (eso significará que también vió la 1) la cosa pinta negro.
  • 6.- Cómo es su pareja. Se supone que uno busca en su pareja a alguien con la que quiere pasar el resto de sus días. Así que si nuestro amigo se echa por novia a una seta de las que no salen de casa, o a alguien que tiene la misma conversación que un mueble cajonero ya nos podemos plantear qué tipo de amigo tenemos.
  • 7.- El conocimiento de sus medidas. Vale, altura y peso es normal. Y la talla de ropa también. Pero como sepa con exactitud el perímetro de sus biceps, triceps, contorno pectoral, cuádriceps o lo que es peor… su rabo… es que debe aburrirse (y quererse) demasiado.
  • 8.- La ropa que se pone para ir a pasar el día al campo. Malo como ella se presente con unas manoletinas blancas con lentejuelilas bordadas, o él con una ¡¡camisa!! de marca surfera que ronda los 100 euros. Esa gente debería caerse al brazal nada más aparecer por el campo.
  • 9.- El tiempo que tarda en “chapa y pintura”. Es decir, en restaurarse para salir. Si ellos son de los que se dejan las cejas como Marlen Dietrich y necesitan medio litro de fijador (que no gomina) para ponerse el pelo pincho, o ellas necesitan 4 sombras de ojos, 5 pinceles, 2 rimmels y 20 minutos para bajar un martes a comprar el pan ya tenemos una pista más que útil para imaginarnos el tiempo que nos va a hacer esperar en una cita.
  • 10.- La música que escucha. Da igual, la que escucha en su habitación, en su mp3, en su móvil… pero la que más delata es la música que llevas en el coche. Eso nos dará el grado de Chundero-Pachanguero que es la persona en cuestión. Porque no es lo mismo que lleve “máquina total 5” y la última sesión de dj Fulanito en el Space de Ibiza, a que lleve un mix de canciones del verano o un cassette de jotas “Alma Navarra”.