cocina

309.- Piruleta de Huevas de Leche.

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Que sí, que Arzak sabe lo que se hace en los fogones. Que sí, que Ferrán Adriá ha impulsado la cocina española en el mundo entero. Que también, el atún de Barbate es un auténtico manjar apreciado en los 5 continentes… Pero todo tiene un límite.

“Piruletas de Huevas de Leche” a base de semen de atún, pues me parece un poco ya pasarse de rosca. Yo me como el atún, y ellos que hagan lo que quieran con la “leche” de los “huevos” del animal. Es que a este paso deberemos nombrar Gran Cocinero al tío de “El Último Superviviente” por comerse el estómago crudo de un ñú que lleva 6 días muerto en el desierto del Gobi. Eso, y unas mini estrellitas Michelín a todo niño entre 1 y 3 años por sus famosos “bocaditos de pan con nocilla, crujiente ligero de arena, hormiguitas y mocos de temporada”.

¡¡Hombre ya!! ¡¡No jueguen con el semen de esa manera!!

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286.- Ra-Ta-Tui.

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Si me conocen un poco ya sabrán que me encanta andar metido entre fogones. La cocina y las mezclas imposibles son mi debilidad; ya apuntaba maneras desde pequeño cuando hacía comer a mis hermanas deliciosos canapés de chorizo con nocilla. El otro día mi hermana, que es cocinera, dijo que había hecho un postre con chocolate y sal y pimienta. ¿Ves? No andaba yo tan lejos…

El caso es que me he apuntado a un curso de cocina: Cocinar en Tiempos de Crisis. Bueno, el título es menos romántico que eso pero más o menos va de eso; cocina básica semi-tradicional y sin grandes ingredientes. Ya llevamos tres días y milagrosamente no me cortado ni quemado. Por ahora hemos hecho: patatas con chorizo, sopa minestrone, crema de calabaza, escalibada, risotto de verduras, musaka, ajoarriero, pollo con almendras, pastel de manzana, arroz con leche y tiramisú… Prometo, al finalizar, deleitar con mis sofritos y adobos a quién quiera.

Mmmmm… Bon Appetít!!

169.- Cocina para Impostores.

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Acabo de descubrir gracias a EL PAÍS el blog de Falsarius Chef, un cocinero que basa sus recetas en botes y latas de comida. Eso sí, apañadito todo para que nadie note que es “de bote” y se piensen que has estado tres horas cocinando, para ello existe la norma principal: hay que esconder muy bien, al fondo de la bolsa de basura, los envases que usemos.

Para comer bien no hace falta mucho tiempo, ni productos caros, ni saber cocinar. Ni siquiera nitrógeno líquido, aunque pueda parecer mentira. Y no sólo se puede comer bien sino que, además, se puede quedar como un príncipe ante las visitas, recurriendo a algo tan sencillo como la impostura. Engañar, eso es lo que aquí pretendemos. Engañar a la vista, al olfato, al gusto y hasta al bolsillo. Pura farsa, aunque esta vez por la noble causa de la gastronomía y el cuidado de nuestro ego.

Todas las entradas van precedidas por un comentario con el que no puedo más estar de acuerdo, se van a convertir en mi biblia. Lo dicho, si alguien cree que me he portado muy bien y merezco un regalo: “Cocina para Impostores”, volúmenes uno y dos. Podéis ver su BLOG y deleitaros en internet pues colabora con Cadena SER, Buenafuente y demás.

El consumo excesivo de ensalada constipa el ánimo, contrae las gónadas y a decir de los expertos provoca astenia espiritual. La típica de lechuga, vamos. Otra cuestión es que ya llamemos ensalada a cualquier cosa. Ensalada de callos y morrillos de ternera, con guarnición de muslitos de pato, por ejemplo. Eso ya es diferente. Pero lo que es la ensalada en sí, la de lechugas y forrajes varios, es un coñazo que se inventó para entretenernos picando hierba mientras llega el arroz o el lechazo.

Un matahambre pensado por algún antiguo cocinero astuto que no sabía qué hacer con las malas hierbas del jardín de su casa, les puso nombres molones (rúcula, brotes de primavera, canónigo y cosas así) y se dedicó a venderles a sus clientes las plantas que no querían comer ni las cabras. Y como suele suceder con las cosas absurdas (mírese si no el éxito de la corbata) la cosa cuajó. Cuajó y fue a más, dándose el curioso caso de que puede uno tranquilamente ir a un restaurante a comer y salir con más hambre de con la que entró.

4.- Las magdalenas

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mis magdalenas sorprenden
mis magdalenas y yo

Me encanta la cocina. Y eso no significa que sea buen cocinero, también hay que decirlo. Y el otro día me animé a preparar unas magdalenas Izzy Stevens para ver si la levadura conseguía subir no solo la masa. Me relaja cocinar. Lo malo es recoger luego todo.

La receta la encontré en internet, era sencillita aunque no era muy clara en las medidas (media taza de harina?? cuánta harina es esa?? De qué tamaño es la taza?? Taza, tacita o tazón??). No salieron como yo esperaba. La seie de distintos modelos que realicé la he llamado “Algo faltaba en la receta”:

algo-faltaba-en-la-receta

serie de magdalenas "algo faltaba en la receta"

Modelo 1.- “Engañabobitos”, puro aire y restos que no se consiguen despegar del papel. Se termina chupando el papel. Demasiada celusosa.

Modelo 2.- “Ahora entiendo por qué pone que no hay que llenar los moldes hasta el borde”, se sobran y acaban fusionándose en la bandeja unas con otras.

Modelo 3.- “Vamos pillando el truco”, doradas y sabrosas. Llevan pepitas de chocolate. Pesan más que la masa y se han quedado pegadas al papel.

Modelo 4.- “Ni te hagas ilusiones de que ha spillado el truco al horno”, morenas con un intenso cuerpo y aroma. Ideales para acompañar un café muy cargado.

Os ahorro colgar la receta. Cuando consiga alo decente ya os la pasaré. Bueno, hoy me han dicho que el gran Magdalenón que hice sí que sabía bueno.