diferencia

294.- Consultorio Seximental de los Lunes (7).

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Ayer pudimos contemplar una escena de lo más sorprendente, divertida y peculiar. Estabamos tan ricamente tomándonos unas cervecitas en el lugar que todos denominamos como “ideal para una cita” cuando apareció una extraña pareja. Lo que primero quisimos pensar era que nuestras perturbadas mentes nos estaban engañando, que aquella chica que rondaba los veintipocos y el señor de sesentaitodos no eran pareja.

Ella llevaba un vestido de gasa, el pelo retirado de la cara con un pasador y el maquillaje justo para no parecer un putón, cosa que desgraciadamente lo aparentaba. Tenía una estridente voz de pito, propia de un teletubbie y de las repelentes niñas con tirabuzones de las películas. Él llevaba traje pero no americana, un pañuelo (imagino de seda) anudado al cuello a modo de corbata y el estilo y porte de un magnate. Lástima que el magnate no fuera lo suficientemente rico como para hacerse un microimplante capilar y tuviera que conformarse con una peluca blanca de esas que se nota que llevas peluca. Luego, mientras la joven estaba en los servicios haciendo, no quiero imaginar qué, pudimos comprobar mientras se la ajustaba que también llevaba dentadura postiza. Con dosis extra de Kukident, que para eso tenía una cita. O no, quizá era su padre con el que tomaba algo los domingos…

Sabedores de que todo el bar les observaba, y creemos que halagados por la exhibicionista situación, fueron realizando el rito del cortejo sin prisa, sin pausa, ni disimulo. Lástima que desde nuestra posición no veíamos la cara del (perdonen que le llame así) anciano, pero casi mejor, no fuéramos a pensar que le estaba dando un Ictus y nos echáramos sobre él. Miraditas, caidas de ojos, golpes de melena, lengüetazos y jugueteo con la pajita… Confidencias al oído, risas tontas por pura coquetería, mi mano sobre tu muslo… Aún cabía la posibilidad de que la chica fuera su querida y mimosa nieta, pero en una de estas se produjo lo que todo el bar temía y ansiaba a partes iguales: el beso.

Una relación así, con más de 40 años de diferencia, ¿se sostiene por el amor? En el sexo está claro (o eso quiero pensar, pobre abuelo) que no. ¿Es el dinero del falso magnate lo que quería la perriloba? ¿Es eso lo que en la películas románticas llaman “Amor Verdadero”? Pienso en el abuelo de Playboy y en sus conejitas, en Marujita Díaz y Dinio… Al menos al cubano se le empalmaba. ¿Qué piensais vosotros? ¿Tiene el amor edad?