dolor

360.- Sin Anestesia.

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Empecemos por el principio. El Pentotal Sódico es un anestésico que se utiliza, entre otras cosas, en la pena de muerte en Estados Unidos. Se le inyecta al reo, entra en un coma rápido y que luego se le produce una parada cardio-respiratoria.  Se usa principalmente para que se duerma y poder ejecutarlo sin que sufra una agónica y larga muerte.

Sencillito, y además no mancha. Pero, ¿qué ocurre cuando, por distintos motivos, escasea este fármaco? Pues que la inyección letal tiene que esperar; que vale que matemos a una persona, pero habrá que hacerlo en condiciones: con anestesia, agujas estériles y limpiando con algodón el punto donde se ha de pinchar. California, Arizona, Oklahoma y Kentucky ya no disponen del anestésico y han tenido que aplazar (más aún) sus ejecuciones.

Y digo yo… ¿Por qué no utilizamos el método de la cabezada o de la asfixia para dejar inconsciente al individuo y luego, cuando ya no sufra, matarlo bien muerto? Sólo se me ocurre algo más doloroso, lento y agónico que morir sin anestesia, y es el hecho de vivir en un corredor teniendo la certeza de que algún día, más tarde que pronto, te van a ejecutar.

269.- Haití, el Obispo y el Mal.

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Ayer cuando volvía a casa en coche y escuchaba La Ventana flipé. Así, como lo oyen: flipé. Fué como cuando la gente cuenta que ha visto luces extrañas volando o espíritus en pijama a la vuelta de la esquina, o casi. Yo iba tranquilamente autovía abajo y de pronto me dije “¿has escuchado bien?, ¿has tenido una alucinación?”.

Y no, no había sufrido ningún episodio digno de Cuarto Milenio, simplemente, flipé. El motivo, unas declaraciones del recién estrenado obispo de Donosti (no voy a decir el nombre no vaya a ser que me entren arcadas). Y es que este hombre parece que hace grande mi tesis de que cada vez la Iglesia (con mayúscula, como institución) saca lo peor de mí, con diferencia.

Le preguntaron: ¿cómo se explica un cristiano todas estas desgracias que ocurren, la mayoría de las veces en los países más pobres?.

Y él respondió: “Existen males mayores que los que esos pobres de Haití están sufriendo estos días, ¿no?. Nosotros nos lamentamos mucho de los pobres de Haití pero igual también deberíamos, además de poner toda nuestra solidaridad en ayudar a los pobres, nuestros medios económicos… también deberíamos de llorar por nosotros, por nuestra pobre situación espiritual, por nuestra concepción materialista de vida, ¿no?. Quizá es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes también están sufriendo“. Literal, se puede escuchar aquí.

A este hombre, y para que padezca un mal menor, lo ponía yo vivito y coleando en mitad de Haití con 2 toneladas de escombro encima. Y hala, que se alivie, que aquí el menda estará “padeciendo males mayores que él”.

225.- Muérome, muérome.

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resaca

Y fue un gran día. Y una noche aún mejor. Grande, muy grande.

Pero una vez un sabio treintañero me advirtió que las resacas cada vez son más duras. Y llega un momento en el que “el día después” no puedes hacer nada salvo vegetar. Imposible eso de ir de tardes a trabajar. Y eso es lo que hice: trabajar el sábado por la tarde y luego hoy por la mañana con lo que 48 horas después del primer cubata aún estoy catatónico.

Además me duele (por orden descendente): cabeza, oidos, garganta, pecho, piernas y pies. Estornudo como el día que más polen hay en primavera, y ya he gastado un rollo de papel higiénico en quitarme los mocos, que fluyen de mi naríz a litros. A esto hay que sumarle un “percance” en la ducha del que salí ileso.

Mucho sillón, mucho bostezo, capítulos de perdidos, “licuar” con photoshop, ponerme de los nervios con Pekin Express y hacerme fan de un grupo del facebook: Entrar de una Espiral de Autodestrucción. Brutal.