emoción

82.- Un tipo duro que llora.

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Soy un tipo duro. Soy un tipo duro que llora. Soy un blando. El duro más blando me llamó una vez mi madre. Ayer tomaba un café en un sitio repleto de gente. Suelo sentarme en las mesas que pegan contra la pared, porque me gusta observar a quién está allí, qué hacen, qué toman, de qué hablan…

Había tanta gente que tuve que sentarme en una de las mesas que están en el centro del salón; a los ojos de todo el mundo. Seguramente nadie reparó en mí, y nadie me miraba; el jaleo de madres, padres, abuelas despistadas y niños enrabietados hacía todo mucho más interesante que el joven que tomaba café y leía EL PAÍS a las 12 del mediodía.

Leía un reportaje sobre las cartas que muchos fusilados escribieron a sus familias horas antes de morir, pequeños tesoros guardados y conservados por hijos y nietos. Hoy, esos hijos y nietos les escribían a los asesinados. Y de pronto me doy cuenta de que tengo una par de lágrimas colgadas ya de las pestañas inferiores de los ojos.

Soy un tipo duro muy blando…

Reportaje de EL PAIS sobre las cartas de los fusilados

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