enamorado

377.- El Software del Corazón.

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O también titulado “Por qué coño es tan difícil enamorarse”.

Esto de aquí es un corazón. Poco se parece al símbolo universalmente aceptado del amor, de acuerdo, no tiene nada de romántico… pero es lo que es. ¿Quién se inventó que tenía que ser un corazón?

Hay quién se enamora con el cerebro, pero son los pocos. Racionales, fríos y “pragmáticos” (jejejeje). Yo, lo reconozco, me enamoro con el estómago (y no me refiero a “por el estómago”). ¿Dónde se notan las mariposas cuando uno empieza a sentir algo especial por alguien? ¿Dónde se pone un nudo de angustia cuando a uno le dicen que ya no le quieren? Yo al menos soy bastante visceral en el amor: si quiero hacer algo, lo haré.

Pero alguien decidió que debía ser el corazón, uno de los órganos más complejos del cuerpo humano. Quizá (ahora me estoy dando cuenta) fuera al revés: alguien dijo “qué complicado es el amor” y entonces se acordó de ese músculo que lanza estímulos eléctricos, que consigue que sus células se contraigan de una forma especial, que es capaz de bombear la sangre por dos circuitos completamente diferenciados y con suficiente fuerza para distribuirla por todo el cuerpo… Un órgano complejo para una actividad compleja: enamorarse.

 Tras años de estudios se ha avanzado mucho en el tratamiento de las patologías del corazón: válvulas, bypass, trasplantes… Pero queda algo al respecto por inventar, el software del corazón. Un programa informático que nos ayude cuando el amor no es tan perfecto como nos lo han querido vender en innumerables películas, libros, canciones… Poder resetearlo cuando el amado no nos corresponde, iniciar de cero y borrar todas las (malas) experiencias anteriores que lastran nuestra vida seximental. Sería perfecto. ¿Se imaginan? ¿Nos animamos a crear una patente?

Nota Mental: Volver a ver la película “Olvídate de Mí”.

339.- Y entonces…

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…Y entonces, después de escuchar como sonaban aquellas dos palabras en su boca, trató de recordar cuándo había sido la última vez que las había pronunciado: “Te Quiero”.

Y entonces contó con los dedos de su mano las ocasiones en las que realmente se había enamorado, y aún le sobraban demasiados. Sabía que costaba que deshicieran la coraza de hielo que cubría su corazón, pero también sabía que cuando alguien conseguía acceder a él, lo hacía para quedarse. No solía prodigarse en repartir amor, en demostrar sus sentimientos, pero ahora lo había hecho.

Y entonces se sintió muy pequeñito, casi minúsculo. Y entonces un enorme sentimiento le invadió, y se sintió muy grande.

243.- Me Cago en el Amor.

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La frase de Tonino Carotone me viene que ni al pelo. No puedo. Sé que cada vez me parezco al abuelo gruñón de UP, al Scrush del Cuento de Navidad de Dickens y si me apuras hasta al sr. Burns de los Simpsons… Pero cada día soporto menos a las parejitas enamoradas.

Esa fase en la que el uno solo tiene ojos para el otro y la vida es tierna, dulce, suave como nubecitas de algodón color rosa. Fumarse un cigarrillo a media, cruzar en rojos los semáforos, colarse juntos en el autobús o andar a saltos entre el tráfico no puede ser nada bueno.

Seguramente un psicoanalista dijera que se trata del resulado de falta de cariño, de una sucesión de amores fallidos y una espiral de endorfinas. Para mí es algo más visceral. Muchas veces, la arcada no es fingida. Eso de llamarse “churri, cariñito, pequeñín, ¡¡¡gordi!!!”, darse pellizquitos en la mejilla, abrazos interminables donde prima más el cariño que el “refrote”… no va mucho conmigo. Y (beso) estar ha- (beso) hablando con (beso) ellos y… éoo… estoy aquíii!!!

Las muestras de cariño en la intimidad y con un puntito de vergüenza ajena. Vuelvo a mis orígenes: Soy Impar (segunda entrada del blog). Además, siempre me han puesto más los tríos que las parejas.