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381.- Visitante 100.000.

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Esta noche alguien ha sido el visitante 100.000 de mi blog.

¿Os acordáis del turista un millón bajando por las escalerillas del avión en esas imágines en blanco y negro de la España de los setetanta? Pues esa ha sido la instantánea que ha venido esta mañana a mi cabeza cuando he visto que había superado esa cifra. ¿Quién habrá sido? Sea quien sea, merece su propio post.

Con motivo del año nuevo me llegó un informe de la web donde está alojado el blog con varias cifras sobre el mismo. Y algunas, lo reconozco, me dieron un poco de miedo. El Madison Square Garden tiene capacidad para 20.000 personas. Si mi blog fuera un concierto, se realizaría 5 veces allí.

¿Cómo he conseguido que hayan (hayáis) entrado 100.000 veces en mi propio blog en los dos años y pico que llevo escribiendo? ¿Qué es lo que le gusta a la gente? ¿Las historias que cuento? ¿Cómo las cuento? ¿Llegan por azar después de bucear en la red buscando cosas?

Sea lo que sea, Gracias. Mientras alguien lea, yo escribiré.

301.- Retomando.

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Retomar el papel y el boli. Enfrentarse a la hoja en blanco. Personajes, tramas, lineas del tiempo que se encuentran y desencuentran. Que se enmarañan de manera natural formando laberintos imposibles. Sólo hace falta tirar un poco del hilo, fragmentar el mapa en pequeños trocitos y así, pieza a pieza, el puzzle se completará. Empecemos pues.

Parece sencillo, sí, los cojones.

265.- Ya no Tengo Mi Propio Blog.

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Ya no voy a tener mi propio blog. No sé; una venada que me ha dado. Hay días que me cuesta mucho escribir, que de lo que menos tengo ganas es de contar lo que me pasa. Está bien porque sirve para obligarme a escribir, cosa que hacía tiempo que había abandonado. Dicen que así, reordenando pensamientos se previene el alzheimer, y eso no está nada mal.

Al principio escribes para tí, porque nadie te lee. Luego te gusta tener seguidores aunque no los conozcas en persona. Pero llega un punto en el que gente de lo más insospechada lee lo que escribes. 29.418 visitas son muchas, quizá demasiadas. Y entonces piensas, hay madre!!! ha leído lo de… y lo que me pasó con… Y dices, ¿ya me merece a mí la pena que todo el mundo pueda tener acceso de una forma tan anónima a mi vida? Porque, no nos engañemos, este blog es mi vida: lo que siento, lo que vivo, lo que pienso…

Creo que seguiré teniendo mi propio blog, pero tendré más cuidado con lo que escriba, eso está claro. O mejor, escribiré también en otro y así podré decir que: Tengo Otro Blog.

256.- Ausente.

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Uy… Cuánto tiempo sin escribir. La verdad es que esta semana no ha pasado nada especial, simplemente entre las celebraciones familiares, el trabajo, subir y bajar, bajar y subir, me he liado y no he escrito nada. Esta semana nos ponemos al día y terminamos el año como se merece (año un pelín puto, todo hay que decirlo).

206.- Cuentos a la Carta (intro)

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cuentos

Siempre me ha gustado escribir aunque llevo mucho tiempo en el que, lejos del blog, escribo más bien poco. Me refiero a sentarse, coger un lapicero, unos folios en blanco y… dejarse llevar. Siempre me ha gustado inventarles historia a imágenes que veía, a personas a las que no conocía de nada, un pasado, un futuro, un por qué…

Para dar un empujón a todas esas historias pendientes de ser contadas se crea este espacio “Cuentos a la Carta” donde el lector puede pedir uno para él, el único requisito es depositor tres cosas, tres ingredientes con los que empezar a amasar y cocer el relato. Por ejemplo: “Acantilado”, “Piano de cola”  y “Señora alemana”.

¿Alguien se anima? Podemos preparar un… Buen Menú.

198.- Tengo mis Propias Fans.

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fans

Tengo mis propias fans, y el otro día me lo dijeron. Me hace gracia que se pongan a leer el blog y que hasta me animen a escribir un libro; Mi-Sandra hasta se atreve a ir de puerta en puerta vendiendolo al estilo de las antiguas enciclopedias.

La verdad es que no escribo para que nadie lo lea, y no compito por tener más o menos visitas… Simplemente es la versión actual de los diarios de adolescentes de hace no tantos años: un lugar en el que volcar todo lo que llevas dentro. Y si consigues arrancar una sonrisa o una reflexión mejor. De todas formas gracias, por el apoyo y por estar ahí. ¿Alguien se lanza a dejar un comentario en plan: “Carlos, queremos un hijo tuyo”? Jejejee…

132.- La Cita y la Estatua

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Esta entrada la escribí en mi antiguo blog hace exáctamente un año, a finales de mayo. Hoy me he acordado de ella y de todo lo que supuso, y me gusta publicarla de nuevo. Ahí va, en dos partes.

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Siempre he creído en la suerte. Bueno, más que en la suerte en el azar: en estar en el momento adecuado, en el lugar adecuado y elegir la opción adecuada. De hecho, así empecé por ejemplo a trabajar en el centro de salud de iturrama (me ofrecieron mi primer contrato a las 4 de la madrugada en fiestas de san adrián) o en urgencias (nunca, nunca, nunca me llevaba el móvil a enseyar, excepto esa mañana). Y así podría decir más.

Pero claro, a la suerte (decían unos que se habían forrado con un libro de autoayuda) había que buscarla y nunca despreciarla; ejemplo, no recoger una monedita de 2 céntimos del suelo era un signo de no “necesitar” ningún tipo de “fortuna”, así que uno, por si acaso, siempre las ha tratado como a pequeños polluelos decarriados y siempre las llevaba consigo hasta que ellas solas abandonaban el nido (dícese bolsillo de la chaqueta, cartera…) Por si acaso.

Pero nunca me puedo quejar; el por si acaso me funciona. Ahora bien, hay situaciones en los que más el azar, creo en la probabilidad. Una de ellas es la lotería. ¿Cómo puede ser que te toque? (Vale, este año le ha tocado El Gordo a una conocida). Pero, ¡es que de entre más de 65.000 bolas solo le va a tocar a una! Pero uno va y compra un décimo. Sabes al 99% de probabilidades que no le va a tocar (la probabilidad real de que te toque es de 0’0015%, ahí es nada). Pero compra el décimo porque tiene ilusión, y aunque suene a tonto “de ilusión también se vive”.

 

Plaza_Castillo_Pamplona-1 

Bueno, todo esto es para centrar un poco lo que me ha pasado hoy: Había quedado con una persona. Una persona que había conocido y que decidimos volver a vernos; a la vieja usanza, sin teléfono móvil ni nada por el estilo. Sólo el dónde y el cuándo de la cita lo sabríamos nosotros. Si yo llegaba tarde no habría modo de avisarle, si la otra persona cambiaba de planes no habría modo de aplazarla. (Hace 15 años -y menos- cuando no había móviles, la gente debía quedar así). Sabía al 99% de probabilidadesque no me iba a tocar la lotería, que no acudiría. Pero para saberlo, tenía que estar ahí. ¿Y si viene? Es más, ¿y si viene y yo no he ido? Y llegué. Alrededor de la estatua había gente paseando, con sus niños, abuelos charlando… Pero ni rastro de mi cita. Llegué y esperé. ¿Cuánto se tiene que esperar? ¿Cuánto esperaría? Pronto se acerca una chica joven a la misma estatua que yo rondaba. Mira a un lado, mira a otro. Me sonríe. Yo no soy al que espera. Saca el móvil y trata de marcar un número. (Esta chica no tiene paciencia!!! Si acaban de dar las 7!!!) Llega un chico y la agarra por la espalda. Es él. Yo sigo esperando. Miro las caras de la gente que cruza la plaza, apenas recuerdo la suya. Sólo su voz, sólo su acento, su sonrisa, su risa. Podría reconocer su risa aunque pasara un año completo, con sus días y sus noches. Y sigo esperando. No desespero. Si viene bien, y si no… salud!! que es lo que suelen decir tras la lotería. Empiezo a elucubrar sobre por qué no habrá aparecido: ¿se habrá acordado? ¿no habrá querido? ¿no habrá podido? Sea cuál fuera la excusa no había forma de avisarme. El sol se va metiendo y su luz naranja ya no ilumina la plaza, se arrincona en unas pocas fachadas. La estatua parece mirarme y mandarme a casa “ya has esperado bastante”. Quizá sea ella quién le vea esperar luego, o mañana, o nunca lo vea. Quizá luego vaya esperando que yo esté esperando. Quizá. Me fijo en que alguien se ha olvidado algo sobre los pies de la estatua. Lo cojo. Lo guardo. Es un amuleto. ¿A la suerte no había que buscarla? Saco un rotulador de mi bolso y con el permiso de Carlos III escribo en el granito de su peana: “Te esperé”.

 Hechos reales edulcorados un poquito

(A Dani, por leerme. Ves, yo ligué, pero ahí se quedó todo)