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187.- Mudanza.

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Llevo 9 años “viviendo” en Pamplona, y me acabo de mudar a mi séptimo piso. Uno debería estar acostumbrado a ello pero cada vez te da más pereza, sobre todo cuando no te mudas porque tú lo hayas decidido. En este piso en el que he estado dos años he vivido, reido, llorado, bailado, cantado, dormido, follado, amado, odiado… y hasta hecho el amor. Muchas han sido las visitas que en este tiempo se han acercado, cosa que siempre se agradecen. Uno ya tenía su rinconcito con sus recuerdos y ahora ha tocado quitar todo y hacer el traslado.

habitación

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La verdad es que da pena cuando empiezas a despegar poster, fotos, vinilos, postales, recortes de periódico… Comienzas a guardar en cajas todo lo que tienes, porque todo te vale. Encuentras cosas que creías perdidas, encuentras cosas que te emocionan… Haces balance y decides mirar hacia el futuro. Mi nuevo piso es más pequeño pero mucho más bonito. Hemos ganado una terraza con techo que va a ser la delicia de los grandes desayunos con periódico a la sombra, y de las tardecitas de cervecita al sol. Ahora hay que empezar a decorarlo y darle el toque propio que le falta. El antigua se quedó amplio, vacío, blanco… Sólo espero no tener muchas más mudanzas. Al menos por un tiempo.

(En el nuevo piso no hay todavía internet, de ahí que ande un poco descolgao).

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176.- Princesas Caídas (7 de 7)

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cenicienta

Basado en las fotografías “Fallen Princesses” de Dina Goldstein

Ella bajó corriendo las escaleras del palacio mientras el reloj marcaba las doce de la noche. El zapato de cristal se deslizó de su pie… y se rompió. El príncipe bajó en su búsqueda pero sólo encontró unos trozos de cristal, y a lo lejos, vió como una blanca carroza se convertía en calabaza.

Nadie buscó nunca a Cenicienta, ningún paje real iría de puerta en puerta con el zapato en busca del pie perfecto de la muchacha que había robado el corazón del príncipe. Pero nadie apareció. Y todo el mundo deja de esperar en algún momento de su vida. Su refugio de almas abandonadas era aquella cervecería en la que trataba de olvidar aquella noche tan maravillosa.

171.- Princesas Caídas (6 de 7)

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rapuntzel

Basado en las fotografías “Fallen Princesses” de Dina Goldstein

Cuando la hechicera cortó las largas trenzas de la princesa para que su amado no pudiera trepar por ellas y subir a la cima del torreón donde se encontraba presa, Rapunzel se prometió que jamás volvería a cortarselas. Su larga cabellera de oro le recordaba todos aquellos días y noches que había permanecido atrapada, y las visitas que su principe le había hecho a la luz de la luna.

Pero esa promesa no pudo hacerse realidad y esta vez no había sido su carcelera la que había terminado con su cabello, había sido algo mucho peor. Era una mujer, hija de un matrimonio humilde que había sido condenado a dar a su bebé a una malvada hechicera. Era una princesa, pero al fin y al cabo eso no le daba la inmortalidad de la vida eterna como a otras muchas criaturas que pueblan cuentos, relatos y fábulas. Era una mujer y como tal debería afrontar su enfermedad, esta vez encerrada en otro torreón, las paredes de la fría habitación del hospital.