guerra civil

50.- Viejas heridas

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En mi casa la Guerra Civil y la postguerra nunca fueron un tabú. A mi bisabuelo lo fusilaron y exhumaron su cuerpo décadas después. Por eso me siento un poco comprometido con esta causa, la de rehabilitación de los represaliados. En casa de José, en Francia, tampoco lo fué.

Siempre oyó hablar a su padre, de fusilamientos, fosas… En resumen, de los vencidos, cubiertos durante décadas por una losa de silencio total. En Sorihuela del Guadalimar (Jaén), con menos de 1.300 habitantes, José percibe ahora las dimensiones de la represión con la excavación de la fosa donde están los restos de su abuelo.

Sabe que el 23 de abril de 1939 su abuelo fue “torturado y asesinado por los franquistas”. Oficialmente murió por “colapso cardiaco-asma bronquial” pero un preso contó a la abuela de José que su marido había sido torturado hasta morir. Incluso lo pincharon con banderillas y estoque; la culpa, militaba en el PCE y fue juez de paz.

José quiere llevar sus restos a Francia, y así hacer feliz a su padre, de 83 años, que no pisa el pueblo desde su exilio.  ¿Quién puede negar la búsqueda y el descanso de los restos de un familiar? Con las exhumaciones  no se abren heridas, sino que se cierran; el padre de José se está curando, está ilusionado como un niño.

FUENTE: Público.es
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45.- Abuela (texto ya publicado)

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escrito el 8 de Juinio de 2007 en mi antiguo blog

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Antesdeayer era un día importante para mi abuela.
 
No es el lugar para explicar el por qué, y a la mayoría ni le importe, pero fue como si alguien le hubiera quitado la espinita que llevaba más de 70 años clavada en su corazón.
 
Y es que como ella nos cuenta (solo cuando tiene ganas) “el movimiento” le tocó con ocho años.
Y no se acordará de quién le llamó esta mañana, o de donde dejó tal papel, pero tiene su (triste y dura) infancia grabada a fuego en su cabeza.
 
Ayer tenía ganas de hablar (estaba guerrera que le decimos) y es capaz de dejar pasmado a más de uno
con detalles concretos de como sucedieron esos años (“no fueron días, no… ¡Años!”) de guerra civil en su pueblo.
 
De cómo él día que comenzó “el movimiento” una vecina resguardó, como si de una gallina con los polluelos se tratara, a todos los chiquillos que jugaban por la calle en su casa de adobe.
De cómo silbaban las balas al rozar las paredes de la casa, y como se incrustaban en el adobe.
Del día en que su padre salió de su escondite para ayudar a que una tormenta no estropeara la trilla de todo un año.
De cómo un vecino vió a su padre y corrió a denunciarlo ante la guardia civil.
Del “al frente o al fuerte” que los guardias decían a su padre, la elección de morir, o de morir.
De cómo iba con su hermana a llevarle comida a la cárcel del Portillo, y de cómo la tiraban al río y fregaban el platillo para que su madre no supiera que no la había ni probado.
De cómo un día llevó la camisa de su padre rota y llena de sangre a casa, y de su hermana contando como lo tenían en el cuartel, colgado y azotado “como al señor”.
Del día en que les avisaron que se los iban a llevar a la cárcel de Estella (donde nunca llegaron).
De cómo una tía le llevó a despedirse de su padre cuando se lo llevaban para Estella.
Del gesto de su padre, atado junto a otro, al ir a darle un beso a su hija, y de cómo uno del pueblo gritó “adelante con los presos” haciendo más triste la triste despedida.
 
Cuando quiere hablar, no hay oídos que no quieran escuchar.
“La abuela -por su madre- murió aún con miedo de hablar. ¡¡¡Calla!!! me decía…”
Ella ya no calla. Son tristes recuerdos de personas que prefieren callar, como si fuera la forma de olvidar lo vivido.