liz taylor

390.- El Tejado de Zinc Caliente.

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Hoy ha muerto una de las actrices que más me gustan: Elizabeth Taylor, la diva de los ojos violeta. Una de las pocas grandes que quedan de ese Hollywood dorado que estuvieron en lo más alto. Y a veces en lo más bajo.

El título de la obra de teatro y posteriormente de la película era “La Gata sobre el Tejado de Zinc Caliente”. La censura franquista eliminó esta última palabra; ellos pensaban que caliente estaba la gata cuando en realidad era el metal. Por eso Liz Taylor saltaba, gritaba y se retorcía de esa manera. ¿Cómo no lo iba a hacer?

Ella, la gata, es una mujer ardiente, sensual y sexual a partes iguales deseosa de quedarse embarazada de un hombre que la excita con su sola presencia. O mejor dicho, la excitaba por Paul Newman ha perdido a un “muy buen amigo” y se ha dado a una fase de autodestrucción en la que el alcohol es su única compañía. Su mujer le repugna, se culpa de todo lo ocurrido y se niega a “tocar” a su mujer.

Y ahí es donde la censura no pudo recortar mucho. Ahí es donde uno, por mucho que trataran de maquillar, se da cuenta de la verdadera relación entre el matrimonio y de los auténticos demonios de la relación. Ella le dice que se siente como una gata sobre un tejado de zinc calentado por el sol. El no puede más que responder que haga pues como los gatos, que salte de un tejado a otro.

No es cuestión de destripar la película, no se trata de eso. Aunque si realmente quieren disfrutar de la historia vean (o lean) la obra de teatro. Ahí se llaman a las cosas por su nombre.