llorar

277.- No puedo vivir sin Tí.

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No, puedo vivir sin Ikea perfectamente. De hecho aún no he pisado ninguna de sus tiendas, pero me muero de ganas y ya me sé de memoria el catálogo y la web.

La otra noche, a las tantas de la mañana, cuando ya me había quedado solo en casa pusieron un anuncio que llamó mi atención. Unas imágenes un poco moñas pero muy simpáticas y una canción sencilla pero llena de sentimientos… que… que me puse de un blando del copón y casi me pongo a llorar y todo. Nenaza!!!

Pero fué como si Coque Maña (que por otro lado me da mucho asquete) saliera de la tele para cantarme a mí, que acababa de sufrir un asalto miocárdico y estaba hemodinámicamente un poco inestable. Donde cabe uno caben dos. Si, claro. Pues me parece que como no me compre un pez…

Llevas años enredada en mis manos, en mi pelo, en mi cabeza,
y no puedo más. No puedo más.
Debería estar cansado de tus manos, de tu pelo, de tus rarezas,
pero quiero más. Yo quiero más.
No puedo vivir sin tí, no hay manera.
No puedo estar sin tí, no hay manera.

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150.- Soy un Gnomo.

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David

Hablando del trauma que me causó el final de la serie David el Gnomo, alguien que sigue el blog me pasó el video de youtube en el que David y Lisa se despiden para siempre y se convierten en dos hermosos árboles. Creo que fué mi primer trauma, mucho más que lo de E.T.

Era adicto a David el Gnomo. Quizá por lo de la naturaleza, por lo de los animales, o porque como mi abuela tenía un zorro, yo también me creía un poco gnomo. Recuerdo cómo me atiborraba a danones para conseguir los cromos y pegarlos en el album con un engrudo de harina y agua que mi tía me preparaba. ¿No tendríamos pegamento? ¿Eramos pobres como ratas y yo sin enterarme? ¿Eran quizás las primeras lecciones de reciclaje? No sé, pero me encantaba el engrudo.

La serie la echaban a la hora de comer, y todos los días había que seguir el ritual: tanto me gustaba la canción que (para contentar al chico) tratábamos de rabarla en un casette directamente de la televisión, algo complicado y que nunca terminaba de funcionar. Sí, no había emules, cds, mp3, todo era mucho más… todo tenía más encanto.

Ahora que pienso, yo tenía unas répiclas a tamaño real de David y de Lisa, ¿dónde estarán? Habrá que rescatarlas del baúl de los recuerdos…

Vídeo Final

82.- Un tipo duro que llora.

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fusilados

Soy un tipo duro. Soy un tipo duro que llora. Soy un blando. El duro más blando me llamó una vez mi madre. Ayer tomaba un café en un sitio repleto de gente. Suelo sentarme en las mesas que pegan contra la pared, porque me gusta observar a quién está allí, qué hacen, qué toman, de qué hablan…

Había tanta gente que tuve que sentarme en una de las mesas que están en el centro del salón; a los ojos de todo el mundo. Seguramente nadie reparó en mí, y nadie me miraba; el jaleo de madres, padres, abuelas despistadas y niños enrabietados hacía todo mucho más interesante que el joven que tomaba café y leía EL PAÍS a las 12 del mediodía.

Leía un reportaje sobre las cartas que muchos fusilados escribieron a sus familias horas antes de morir, pequeños tesoros guardados y conservados por hijos y nietos. Hoy, esos hijos y nietos les escribían a los asesinados. Y de pronto me doy cuenta de que tengo una par de lágrimas colgadas ya de las pestañas inferiores de los ojos.

Soy un tipo duro muy blando…

Reportaje de EL PAIS sobre las cartas de los fusilados