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342.- Al Otro Lado…

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…de la Nube Negra. Allí era dónde Sabina pedía que le esperaran: donde no quedan mercaderes que venden soledades de ginebra, al otro lado de los apagones, al otro lado de la luna en quiebra, allí donde se escriben las canciones con humo blanco de la nube negra.

La primera regla para salir del agujero es trepar, aunque te pese el culo y te dejes las uñas escarvando en la arena. Trepar, remar, luchar… da lo mismo. Paralizarse y lamentarse no sirve de nada. Sí, lo hiciste mal. Sí, pudiste hacerlo mucho mejor pero… ¿Y ahora? ¿Qué vas a hacer ahora? Todos queremos lo mismo de esta vida, ser felices. Pero no nos engañemos, nadie va a ser felíz por tí; si no lo eres es porque no estás dispuesto a luchar por ello.

Si algo me gusta de las nubes negras además de que anuncian una tormenta es que confirman que, al otro lado, el sol brilla aunque no podamos verlo. Por eso son tan negras, por la sombra que crea en ellas el sol. Uno, que está empezando a saber demasiado de nubes, anticiclones y borrascas pasajeras. Sólo me falta que un huracán (o en su defecto mi amada espiral de auto-destrucción) haga volar mi casa por los aires y la deposite en Oz.

Esto me recuerda que no tengo zapatillas rojas que me devuelvan a Kansas. ¿Alguien me presta unas?

(Por cierto, mi nube negra deja pasar algún rayito de sol: tengo trabajo)

269.- Haití, el Obispo y el Mal.

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Ayer cuando volvía a casa en coche y escuchaba La Ventana flipé. Así, como lo oyen: flipé. Fué como cuando la gente cuenta que ha visto luces extrañas volando o espíritus en pijama a la vuelta de la esquina, o casi. Yo iba tranquilamente autovía abajo y de pronto me dije “¿has escuchado bien?, ¿has tenido una alucinación?”.

Y no, no había sufrido ningún episodio digno de Cuarto Milenio, simplemente, flipé. El motivo, unas declaraciones del recién estrenado obispo de Donosti (no voy a decir el nombre no vaya a ser que me entren arcadas). Y es que este hombre parece que hace grande mi tesis de que cada vez la Iglesia (con mayúscula, como institución) saca lo peor de mí, con diferencia.

Le preguntaron: ¿cómo se explica un cristiano todas estas desgracias que ocurren, la mayoría de las veces en los países más pobres?.

Y él respondió: “Existen males mayores que los que esos pobres de Haití están sufriendo estos días, ¿no?. Nosotros nos lamentamos mucho de los pobres de Haití pero igual también deberíamos, además de poner toda nuestra solidaridad en ayudar a los pobres, nuestros medios económicos… también deberíamos de llorar por nosotros, por nuestra pobre situación espiritual, por nuestra concepción materialista de vida, ¿no?. Quizá es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes también están sufriendo“. Literal, se puede escuchar aquí.

A este hombre, y para que padezca un mal menor, lo ponía yo vivito y coleando en mitad de Haití con 2 toneladas de escombro encima. Y hala, que se alivie, que aquí el menda estará “padeciendo males mayores que él”.