menú

302.- Consultorio Seximental de los Lunes (9).

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Te invita a una cita un tanto especial, una cena en su casa. Él se encargará de preparar el menú y a cambio tu te encargarás del vino. Una cena así es el mejor prólogo para el mejor postre, así que es una ocasión perfecta para dejarse seducir por los placeres de la comida.

¿Qué cena es la mejor que te puede preparar? Ya sabéis, varias opciones. Y si ninguna se acerca podéis crear la opción E, F, G…

¿Qué tipo de menú es el ideal en una cita?

  • A.- Te prepara una cena de 8 tenedores: Ensalada de Bogavante, Confit de Pato a los Frutos Rojos, Mousse de Manzana con Crujiente de Avellanas y Miel… Es un cocinero perfecto!!! Eso sí, en la cocina descubres las cajas del catering más exquisito de la ciudad.
  • B.- La cena consiste en un menú variado de platos caseros. Él te explica que su madre le preparó unos “tappers” sabiendo que había por medio una cena íntima. Él no sabrá cocinar pero su madre… lo borda!!
  • C.- Se sincera contigo y te dice que no tiene ni idea de cocinar, pero que si no te importa puedes ir antes y preparar “tú” la cena para los 2. Eso sí, él se compromete a ser el mejor pinche de cocina.
  • D.- Después de habersele pegado el risotto acabáis cenando unos huevos fritos con patatas de los de toda la vida. Al final lo básico es lo que triunfa.
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286.- Ra-Ta-Tui.

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Si me conocen un poco ya sabrán que me encanta andar metido entre fogones. La cocina y las mezclas imposibles son mi debilidad; ya apuntaba maneras desde pequeño cuando hacía comer a mis hermanas deliciosos canapés de chorizo con nocilla. El otro día mi hermana, que es cocinera, dijo que había hecho un postre con chocolate y sal y pimienta. ¿Ves? No andaba yo tan lejos…

El caso es que me he apuntado a un curso de cocina: Cocinar en Tiempos de Crisis. Bueno, el título es menos romántico que eso pero más o menos va de eso; cocina básica semi-tradicional y sin grandes ingredientes. Ya llevamos tres días y milagrosamente no me cortado ni quemado. Por ahora hemos hecho: patatas con chorizo, sopa minestrone, crema de calabaza, escalibada, risotto de verduras, musaka, ajoarriero, pollo con almendras, pastel de manzana, arroz con leche y tiramisú… Prometo, al finalizar, deleitar con mis sofritos y adobos a quién quiera.

Mmmmm… Bon Appetít!!

239.- ¡Qué Festín! (casting nº1)

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 Este fin de semana todos los músicos celebramos santa cecilia, cada uno a su manera. ¿Nosotros? Tocando y bailando. Y bebiendo y bailando, claro. No sé como salió el tema de esta canción pero desde el principio lo vimos claro: sería una de las canciones del casting del musical. Todos aquellos que se quieran presentar deberán hacer la prueba con alguna de las 5 canciones que próximamente se seleccionarán “interpretándolas” con todo el sentimiento del mundo mundial. ¿Alguien se anima a ponerle el acento “fgransés” a la voz a Lumiére? Prueben a hacerlo delante del espejo…

(video para ensayar)

Ma chère, mademoiselle, es una gran satisfacción y un inmenso placer recibirla aquí esta noche. Y ahora le invitamos a que tome asiento y se ponga cómoda porque el salón-comedor tiene el orgullo de presentar… su cena.

¡Qué festín, qué festín! Un banquete de postín
Ahí está la servilleta, da comienzo ya el trajín.
Soupe d’oignon, canapés, especialité del chef.
Pruebe el hígado de pato y la envidiarán los platos.
El ballet, para usted: esto es Francia, Mademoiselle
y cualquiera que se precie es bailarín
Es un menú de estreno, ¡a disfrutar lo bueno!
Del festín, gran festín del postín.

Hay ragú, hay soufflé y una tarta bien flambée.
Y también las atracciones de un lujoso cabaret
Deje ya de temblar que el banquete va a empezar;
nunca hay quejas, nunca hay penas si hay cubiertos en escena.
Y es que aquí cada cual tiene un truco muy genial,
unos cantan y otros tocan el violín
Con todos a brindar y empiece a disfrutar
Del gran festín, ah por fin, ven conmigo al gran festín.
¡Qué festín, qué festín, qué festín!

Triste y deprimente es la vida de un sirviente si no tiene a un solo ser a quién servir. Ah, los viejos tiempos laboriosos uno no podía ni dormir. Plumeros y paños bajo el polvo de diez años sin poder gozar de nuestra profesión, soñando en esos tiempos que añoramos, solos y amargados, pero al fin usted ha llegado.

¡Ya está aquí, ya está aquí! ¡Qué alegría para mí!
Le planché la servilleta y hasta el vino le elegí.
Un pastel con el té, sí, querida, ya lo sé
mientras bailan estas tazas yo preparo el té con pastas.
Al hervir, qué calor, ¿una mancha? No, qué horror.
Perfección es nuestro lema hasta en Latín
Cuánto quehacer, señor, ¿pongo un terrón o dos?
¿Le gusta así? Qué festín. De postín. Qué Festín.

¡Qué festín, qué festín! Complacerla es nuestro fin.
En diez años no tuvimos comensales y ahora sí.
Esta cena será algo bueno de tomar:
entre velas y caviares serviremos mil manjares
Con el té gritará: “¡Basta ya! Voy a explotar!”
Cantaremos una nana como fin.
Y dormirá cien horas pero ahora coma
¡Qué festín, qué festín, qué festín!
¡Qué gran festín!

206.- Cuentos a la Carta (intro)

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cuentos

Siempre me ha gustado escribir aunque llevo mucho tiempo en el que, lejos del blog, escribo más bien poco. Me refiero a sentarse, coger un lapicero, unos folios en blanco y… dejarse llevar. Siempre me ha gustado inventarles historia a imágenes que veía, a personas a las que no conocía de nada, un pasado, un futuro, un por qué…

Para dar un empujón a todas esas historias pendientes de ser contadas se crea este espacio “Cuentos a la Carta” donde el lector puede pedir uno para él, el único requisito es depositor tres cosas, tres ingredientes con los que empezar a amasar y cocer el relato. Por ejemplo: “Acantilado”, “Piano de cola”  y “Señora alemana”.

¿Alguien se anima? Podemos preparar un… Buen Menú.

169.- Cocina para Impostores.

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cocina

Acabo de descubrir gracias a EL PAÍS el blog de Falsarius Chef, un cocinero que basa sus recetas en botes y latas de comida. Eso sí, apañadito todo para que nadie note que es “de bote” y se piensen que has estado tres horas cocinando, para ello existe la norma principal: hay que esconder muy bien, al fondo de la bolsa de basura, los envases que usemos.

Para comer bien no hace falta mucho tiempo, ni productos caros, ni saber cocinar. Ni siquiera nitrógeno líquido, aunque pueda parecer mentira. Y no sólo se puede comer bien sino que, además, se puede quedar como un príncipe ante las visitas, recurriendo a algo tan sencillo como la impostura. Engañar, eso es lo que aquí pretendemos. Engañar a la vista, al olfato, al gusto y hasta al bolsillo. Pura farsa, aunque esta vez por la noble causa de la gastronomía y el cuidado de nuestro ego.

Todas las entradas van precedidas por un comentario con el que no puedo más estar de acuerdo, se van a convertir en mi biblia. Lo dicho, si alguien cree que me he portado muy bien y merezco un regalo: “Cocina para Impostores”, volúmenes uno y dos. Podéis ver su BLOG y deleitaros en internet pues colabora con Cadena SER, Buenafuente y demás.

El consumo excesivo de ensalada constipa el ánimo, contrae las gónadas y a decir de los expertos provoca astenia espiritual. La típica de lechuga, vamos. Otra cuestión es que ya llamemos ensalada a cualquier cosa. Ensalada de callos y morrillos de ternera, con guarnición de muslitos de pato, por ejemplo. Eso ya es diferente. Pero lo que es la ensalada en sí, la de lechugas y forrajes varios, es un coñazo que se inventó para entretenernos picando hierba mientras llega el arroz o el lechazo.

Un matahambre pensado por algún antiguo cocinero astuto que no sabía qué hacer con las malas hierbas del jardín de su casa, les puso nombres molones (rúcula, brotes de primavera, canónigo y cosas así) y se dedicó a venderles a sus clientes las plantas que no querían comer ni las cabras. Y como suele suceder con las cosas absurdas (mírese si no el éxito de la corbata) la cosa cuajó. Cuajó y fue a más, dándose el curioso caso de que puede uno tranquilamente ir a un restaurante a comer y salir con más hambre de con la que entró.