opinión

410.- The Artist.

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Soy un enamorado del Cine. De ese cine de claquetas, grandes bobinas de fotografas, espejos de camerino con bombillas, extras que esperan su turno, estrenos con grandes luminosos… Me encanta la historia del cine y sobre todo las películas que tratan sobre el cine. “The Artist” es una rareza en la cartelera actual plagada de fastfood y productos con más presupuesto comercial que guión. O dicho de otra manera, es una joya, un bombón, una delicatessen para disfrutar.

Hollywood, 1927. George Valentin es un célebre actor del cine mudo al que todo le sonríe; un galán de los que enamora. Peppy Miller es una joven extra que trata de ascender en el complicado mundo de Hollywoodland; una belleza que hipnotiza e inunda la pantalla. Pero el mundo evoluciona y la llegada del cine sonoro llevará los destinos de las personas por caminos diferentes: unos caerán en el olvido y otros serán propulsados al firmamentos de las estrellas.

Las primeras escenas recuerdan (homenajean) a uno de los clásicos de la “historia” del cine (en ambos sentidos): “Cantando Bajo La Lluvia”. Trata desde otra perspectiva, del cambio que se produjo al incorporar el sonido en las producciones cinematográficas: ruidos que captaban los micrófonos, cables y altavoces que quedaban a la vista y voces desagradables en rostros angelicales. De esto último sabe mucho la actriz Lina Lamont, uno de los personajes más desagradables y cómicos que recuerdo.

El director (Michel Hazanavicius) y los productores (Thomas Langmann y Emmanuel Montamat) deberían recoger todos los premios del año. Primero por haber arriesgado tanto en la era del 3D y los efectos digitales con esta película muda, aunque uno se olvide en cuanto comienza de que los actores no hablan. Y segundo por lo redondo que les ha salido. Jean Dujardin está espléndido y realmente creíble como actor de los años 30. Bérénice Bejo está a la altura de su pareja y no entiendo como no está en las quinielas al igual que su compañero puesto que la interpretación de uno sustenta la del otro. Mención especial para el perro (¿hay categoría a mejor actor animal?), la fotografía en blanco en negro y la música que dirige la película. Especialmente emocionantes los instantes en los que el silencio inunda el patio de butacas.

Estamos ante un clásico actual, pero que ha entrado directamente en el estante de clásicos del cine. Con los fotogramas y escenas más mágicas y maravillosas que he visto en una sala de cine y con la sensación de haberme dado un capricho gourmet. Quien pueda disfrutarla no se arrepentirá.

Nota Mental: Más cine, por favor…

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402.- La Piel que Habito.

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Almodóvar es Almodóvar. Unos le aman y otros le detestan pero porque es quién es. Entre sus películas hay de todo pero la mayoría tienen el toque de la casa: el mundo Almodóvar (chicas incluídas).

De toda su fimografia la que más llega a gustarme es “La Mala Educación” pese a haber cosechado tan malas críticas. Pero las películas que tratan sobre cine, esos giros de guión y ese toque de novela negra me conquistaron. Y esa puerta corrediza que se cierra al final… Creo que si en parte me ha encantado “La Piel que Habito” ha sido por las similitudes con “La Mala Educación”.

“Volver” me gustó, como a la mayoría de la gente. Es su película más accesible; aunque a alguien no le guste el cine de Almodóvar, le gustará “Volver”. “Los Abrazos Rotos”  fue una tremenda decepción: ni historia de amor, ni drama, ni comedia, ni intriga aunque la quisieran vender así. Vacía por completo de sentimientos de una pareja nada creíble y unos secundarios demasiado rebuscados.

“La Piel que Habito” es una película horror (hay otra palabra que empieza por “v” que la define mejor pero contaría demasiado). Tras la muerte por quemaduras de un ser querido Antonio Banderas (muy comedido) se obsesiona con descubrir con la ayuda de Elena Anaya (espléndida) una nueva piel más resistente a través de la investigación genética. La historia saltará en varias ocasiones en la linea temporal para detallar la historia con un resultado que deja agarrotado al espectador en su butaca. Roza eso sí, en varias ocasiones lo grotesco provocando unas risas (¿incrédulas? ¿nerviosas?) en muchos espectadores pero que son la marca de la casa.

Grandes actuaciones que recogerán varios premios. [Actualización: ¿Esa es Blanca Suárez? ¡Que le den un premio por dios! ¡Lo borda!] Y no sólo me refiero a los dos protagonistas. Un guión que desde el principio y hasta el final mantiene en vilo a la platea. Una banda sonora envolvente como todas las de Alberto Iglesias. Vuelve el -para mí- mejor Almodóvar.

Nota Mental: Quiero un disfraz de tigriño…

270.- Cóctel Avatar, la más taquillera.

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Ayer vi Avatar tras varias recomendaciones. No es el típo de cine que más me gusta, pero quise ir a verla porque, entre otras cosas, creo que es una de las películas que merece la pena ver en cine y 3D. Y la sensación que tenía después de salir de la sala del cine fue la misma que antes de verla; sin más, no me había aportado nada, y ahora al escribir esto, un día después, apenas recuerdo nada que me llegue un poco adentro.

Me pareción increible la tecnología 3D, sobretodo con los bichos y plantas diseñados para tal fin. Espectacular. Pero además de eso, Avatar es la típica historia mil veces contada, y esta vez, un poco pobre la verdad. Si cogemos El Último Mohicano, mezclada con Bailando con Lobos (o en su defecto la versión oriental, El Último Samurai), un poco de Parque Jurásico, unas gotitas de Pocahontas y cualquier película tipo Rambo… Voilá!! Ahí tenemos la película más taquillera de la historia.

Pero pasa como con los cócteles raros, que por muy buenos ingredientes que pongas la mezcla, puede “desafinar” un poco. Empezando por la trama “Marine Americano” que me revuelve las tripas desde los primeros minutos. La historia, el guión es bastante lamentable. He leído alguna crítica que dice que es porque Cameron se empeñó en escribir él los diálogos cuando no es su trabajo.

Mención aparte merecen los sonrojantes “homenajes” a Tarzán (ellos sentados de igual manera en la rama del árbol y aprendiendo a hablar) y el discurso Brevehearth (nos podrán quitar la vida pero nunca podrán quitarnos nuestra libertaaaaad!!!).

La más taquillera de la historia del cine, pero de ahí a que le den el Globo de Oro como la mejor película (¿drama?) del año… me niego. AVATAR es al cine lo que EL CÓDIGO DA VINCI a la literatura: Cine para los que nunca van al cine, y Lectura para los que nunca leen. Y mientras eso reflote el barco… yo no digo nada pero no entra en mis cien películas.

269.- Haití, el Obispo y el Mal.

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Ayer cuando volvía a casa en coche y escuchaba La Ventana flipé. Así, como lo oyen: flipé. Fué como cuando la gente cuenta que ha visto luces extrañas volando o espíritus en pijama a la vuelta de la esquina, o casi. Yo iba tranquilamente autovía abajo y de pronto me dije “¿has escuchado bien?, ¿has tenido una alucinación?”.

Y no, no había sufrido ningún episodio digno de Cuarto Milenio, simplemente, flipé. El motivo, unas declaraciones del recién estrenado obispo de Donosti (no voy a decir el nombre no vaya a ser que me entren arcadas). Y es que este hombre parece que hace grande mi tesis de que cada vez la Iglesia (con mayúscula, como institución) saca lo peor de mí, con diferencia.

Le preguntaron: ¿cómo se explica un cristiano todas estas desgracias que ocurren, la mayoría de las veces en los países más pobres?.

Y él respondió: “Existen males mayores que los que esos pobres de Haití están sufriendo estos días, ¿no?. Nosotros nos lamentamos mucho de los pobres de Haití pero igual también deberíamos, además de poner toda nuestra solidaridad en ayudar a los pobres, nuestros medios económicos… también deberíamos de llorar por nosotros, por nuestra pobre situación espiritual, por nuestra concepción materialista de vida, ¿no?. Quizá es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes también están sufriendo“. Literal, se puede escuchar aquí.

A este hombre, y para que padezca un mal menor, lo ponía yo vivito y coleando en mitad de Haití con 2 toneladas de escombro encima. Y hala, que se alivie, que aquí el menda estará “padeciendo males mayores que él”.

77.- Los abrazos… ciegos

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abrazos ciegos

Ayer estuvimos en el cine viendo la última película de Almodóvar. Siempre me pasa lo mismo. Cuando comienzan a descubrirse detalles de su nueva película hago oídos sordos y me prometo que trataré de llegar “virgen” a la sala del cine, pero al poco tiempo me sale el cinéfilo obsesivo por saber cada uno de esos detalles que con tan cuentagotas reparte su director. Y siempre me pasa lo mismo, la mayoría de los giros argumentales y golpes de efecto que tiene la cinta ya me los sé, y estoy viéndola esperando a que ocurran.

La película está bien, tiene sus más y sus menos. Pasa sin pena ni gloria; no te emociona porque no es un drama, no te hace  reir porque tampoco es una comedia ni hace que te revuelvas en la butaca porque no es un thriller. Y a la vez pretende ser todo ello. Hay escena preciosas y planos que se graban en la retina pero es como si le faltara algo, un último giro, el golpe maestro, pues la escena en la que Blanca Portillo trata de cerrar el círculo queda vacía, falsa y previsible. Si en esa noche de confesiones dijera que fue ella quién conducía el coche que embiste al otro, comida por celos, me habría resultado más creible.

Pero la imagen que más me impactó de la película es aquella en la que hablan dentro del coche Lluis Homar (que se acaba de quedar ciego) y Blanca Portillo. La cámara enfoca a uno, a otra, a la carretera, otra vez a uno, a otra, y por un tiempo de dos segundos la pantalla del cine ,y por consiguiente toda sala, se queda en queda. Da el tiempo justo para pensar “¿qué me ha pasado? ¿veo? ¿se ha jodido la película? ¡ah, que lo hace para que veamos lo que él realmente ve!”

Cuando leí “Ensayo sobre la Ceguera” pensé que si algún día me quedara ciego me costaría Dios y ayuda recuperarme del golpe pues todos los recuerdos que tengo me han llegado por los ojos, y todo lo que más me gusta (el cine, la televisión, la fotografía o la lectura) entran por ese, para mí, primer sentido. Ayer por unos segundos volví a tener esa sensación y me vi, en la oscuridad del cine “viendo” con los oídos una película. Y no sé si me gusta mucho la idea.

Salgo del cine, eso sí, con la necesidad de ver “Chicas y Maletas” o en su defecto “Mujeres al borde de un ataque de nervios”. Notable Almodóvar, siendo generosos.