perfume

318.- Algo Pequeñito.

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Algo pequeñito, pero que puede volverse muy grande. Unas veces basta con echar un poquito de levadura para que crezca la masa. Otras cuesta mucho más hacer que algo pequeñito madure y se estabilice.

A veces los gestos más simples son los que más se agradecen. Y los regalos más efímeros los que más emocionan. En casa ninguno supera el metro setenta y hemos salido bastante decentes. Dicen que el tamaño no importa, que lo fundamental es saberlo utilizar bien. Y que los mejores perfumes vienen en frasco pequeño. Como el veneno.

Video de la actuación en Eurovisión.

312.- Ropa Tendida al Sol.

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Me siento como si me hubieran metido en la lavadora y hubieran puesto el programa “corto” conmigo dentro. Lavado, aclarado y centrifugado. Pero como si en vez de jabón hubieran echado doble dosis de suavizante, de ese verde que huele a fresco y a hierba recién cortada. Las manchas… no se han ido, pero huelo de putísima madre. Y tengo el tacto de la ropa recién comprada.

Ahora toca tenderme al sol y dejar que el aire me airée y ventile un poco. Y de paso, perfume un poquito lo que me rodea. Vale, sé que la metáfora es digna de estudiar por un residente de psiquiatría pero es mía y es lo que hay.

247.- Feo, Fuerte y Formal.

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No vine aquí para hacer amigos pero sabes que siempre puedes contar conmigo.
Dicen de mí que soy un tanto animal, pero en el fondo soy un sentimental.
En el calor de la noche, a plena luz del día,

siempre dispuesto para alegrarte el día.
Soy hombre de bien a carta cabal y como el duque: feo, fuerte y formal.

Hoy escuchando una versión de El Canto del Loco que hace de la canción de Loquillo me he dado cuenta de una contradición: el Duque fuerte sí, formal… ya no tanto, pero ¿feo? Yo debo ser Shrek si este maromo es feo. Nunca me había parado en pensar a qué “Duque” se refiere la letra, puesto que se compuso mucho tiempo antes de que tuvieras que tener unas buenas tetas para entrer en el paraiso.

Ah, por cierto, soy un poco más “duque” desde este fin de semana, me he regalado la colonia de Victor y Lucas (porque me imagino que esos dos “zeñoritos” andaluces no se llamarán así de verdad). Y no, no he notado más miraditas picaronas por la calle, mi careto sigue siendo el de siempre (es más, me ha salido un grano) y mi voz no se ha desgarrado cual Sabina con exceso de Ducados.

Sigo siendo feo, fuerte (por no decir gordo) y… ¿formal?