relato

79.- Yak 42

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yak42

Presidía el funeral pero sabía que se estaban haciendo las cosas mal. Había estado allí, en el terreno, y había visto la tragedia y la catástrofe con sus propios ojos. Pero cuando priman el partido y la política por encima de las personas pasan cosas como estas. “Era imposible distinguir unos restos de otros”, se repetía una y otra vez sabiéndo que se engañaba. ¿Qué era más importante? ¿Traer los restos cuanto antes o darles a cada familia su hijo, hermano, esposo fallecido en el accidente?

Pronto una idea le tranquilizó. Reparó en los 62 féretros cubiertos con las banderas, faltaba poco, cada familia llevaría su muerto a su cementerio y todo terminaría en unas horas, y con ello, sus remordimientos. Descansaría. No sabía que aquello era el principio y que en pocos días todos conocerían la vergonzosa verdad, encerrada en aquellas cajas.

78.- Microrrelatos de la SER

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Relato ganador de esta semana del espacio “Relatos en Cadena” de la Cadena SER. Los oyentes deben escribir un microrrelato que comience con la última frase del ganador de la semana pasada. El autor es Ignacio Hormigo.

http://www.escueladeescritores.com/relatos-en-cadena-2009

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Cerré la puerta sin hacer ruido y fui a acostar a los niños. No logro comprender a estos padres modernos; mucho colegio de pago, mucha clase de ballet y videoconsolas de última generación pero, cuando se trata de dispensar unos cuidados mínimos a sus propios hijos, su dejadez no conoce límites. Fui yo quien tuvo que meterlos en la cama, quien los arropó y les leyó un cuento hasta que se quedaron dormidos. Sabía que, una vez más, mis desvelos no serían recompensados; al final, los padres seguirían siendo los héroes y yo sólo un monstruo. Triste y cabizbajo, volví a meterme en el armario y cerré la puerta despacio, sin hacer ruido.
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monstruo
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71.- El negro y el avión

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avion

– ¿Cuál es el problema, señora? – Pregunta la azafata del avión.

– ¿Es que no lo ve? – Responde la mujer. – Me colocaron junto a un negro. Y aunque  no soy racista, no soporto estar al lado de uno de estos seres tan repugnantes. ¿Pueden darme otro asiento?

– Por favor, cálmese… – dice la azafata. – Casi todos los asientos están ocupados pero voy a ver si hay algún lugar disponible.

La azafata se aleja y vuelve de nuevo algunos minutos más tarde.

– Señora, como yo pensaba no hay ningún lugar libre. Hablé con el comandante y me confirmó que no hay más sitios disponibles en la clase turista. No obstante, tenemos aún una plaza en primera clase. Es del todo inusual permitir a una persona de la clase económica sentarse en primera clase pero, vista las circunstancias, el comandante encuentra que sería escandaloso obligar a alguien a sentarse junto a una persona tan repugnante.

Y dirigiéndose a la persona de color, que miraba la escena perplejo, le dice:

– Si el señor lo desea, tome su equipaje de mano, ya que un asiento en primera clase le espera.

Y todos los pasajeros sentados junto a ellos que sorprendidos miraban la escena, se levantaron y aplaudieron… 

70.- Operación Bikini (día 1)

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dieta

Entre todos habían conseguido acorralarle en la cocina. El líder de la rebelión había sido el bote de nata montada, al que pronto se le unió la caja de mantequilla y el sector de los embutidos (queso, chorizo y salchichón). Necesitaban hacerse fuertes y duros  y para eso trataron de convencer a los botellines de cerveza, que pronto se sumaron al plan. El chocolate, en todas sus variantes (crema, tableta, galleta, bollo…), también quería su espacio y dada la importancia que podría tener en la trifulca pronto fue admitido.

No tardaron en rodearle en la cocina. Todos contra él. Pero el tomate sacó la fuerza de la frescura que tenía dentro, nadie le tocaba los carotenos y acabó plantando cara a todos y cada uno de ellos. Contaba con el el apoyo del cajón de las verduras, la cesta de las frutas, las patatas, legumbres, hortalizas… Entre todos conseguirían superar a la pandilla de los “promichelines”. Tenían un reto por medio y 100 días para conseguirlo.

Lo dicho, me alío con la dieta mediterránea a ver si en esos cien días consigo quitarme el “gordetex” invernal. Fecha de entrega, 24 de junio, san juan. Sólo necesito que el resto de los mortales no se alíneen con el eje del mal y me inciten a caer en la tentación. Soy tan débil… Ese tomate se siente tan solo…

63.- Punto Final

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anillo

Sabía que no había vuelta atrás y por eso quiso inmortalizar el momento. Tenía claro que el círculo de la historia del anillo, perfecto como su estructura, se cerraría en unos pocos segundos.

Hacía más de un año que los había comprado, lleno de ilusión, y que guardó en el fondo de su maleta. Esperó hasta la noche más estrellada del viaje y, junto a la playa, le declaró su amor: “cásate conmigo”. Sólo unos meses más tarde continuarían su vida cada uno por su lado.

Hubo cosas que le costaron más decidir qué hacía con ellas; todos esos regalos y recuerdos acumulados durante los tres años que había pasado a su lado, pero siempre tuvo claro dónde iría a descansar el anillo. Tuvieron que pasar varios meses hasta que pudo realizar esta fotografía final.

Segundos después de captar el momento, invadido por la nostalgia, la emoción y un pequeño sentimiento de descanso, vería como las aguas del Sena se tragaban el anillo y se ahogaban con él todo lo que conllevaba.

Cientos de burbujas, como si del último aliento de la alianza se trataran, se despedirían de él. París, su destino pendiente, su viaje prometido, la luna de miel tantas veces soñada, era el final del camino que había empezado el día que lo vió en la joyería.

48.- La Tienda del Desamor

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ruptura

Carlos llegó a la tienda con una enorme caja de la que asomaban montones de cartas de colores, fotografías  y un horroroso osito de peluche vestido con un abrigo azul. Su relación no había durado mucho pero había sido fructífera en cuanto a intercambio de cartas, regalitos y detalles varios. Entre ellos se encontraba el horrible oso que había recibido una noche de navidad entre perplejo y ofendido; se suponía que en tres meses de relación uno ya sabe si a la otra persona le gusta recibir peluches, material deportivo o películas de cine clásico en edición especial.

Y Carlos no era de recibir peluches. Y material deportivo tampoco. Así que cuando se acabó el amor se le planteó la duda de si devolver todas aquellas cosas o no. ¿Qué era lo que debía hacerse? ¿Qué era lo que hacían sus amigos con los regalos de sus exs? ¿Y con sus fotos?

Eran regalos llenos de cariño, llenos de historias, de sentimientos… Así que ideó la forma para que él, y muchos desenamorados más, pudieran deshacerse de ellos de la forma menos traumáticay más políticamente correcta. Unas gestiones, un poco de papeleo, mucha ilusión, limpiar y preparar el local en desuso de su tía y ya estaba lista, La Tienda del Desamor.

La gente podría ir allí a vender los recuerdos por un precio simbólico. Por cada pareja que se rompiera debería haber una nueva pareja de tortolitos con el fín de mantener el equilibrio del amor. Así que si alguno quería regalar algo a su nueva amada, allí podría conseguir regalos a buen precio, de todo tipo y con su historia escrita en una pequeña etiqueta.

Nota aclaratoria: Carlos jamás regaló peluches a sus parejas.

47.- La niña de la foto

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Habían encontrado la foto demasiado guardada entre papeles de seda, en una vieja cartera perdida en un cajón. Cuando comenzaron a limpiar la casa de la abuela nadie salvo Mario había reparado en ella.

– Sí, es la abuela, está guapísima, y la joven eres tú mamá. La de atrás es la tía Remedios, sale igual en todas las fotos. Pero, ¿y esa niña?

Su madre hizo como que no le había oído, pero ante la insistencia se limitó a susurrar “pues, no sé”. Nunca había sabido mentir bien.