solo

378.- Veinti-Todos.

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Y un día, casi sin darte cuenta, te despiertas sólo en tu piso pero con un año más. Veintitodos, veintinueve. Ya no habrá más “veinti”, la próxima cifra empezará por tres. Y empiezan a llegarte mensajes, felicitaciones, llamadas… y sin querer (porque hacerlo te da miedo) empiezas a hacer balance.

Te acuerdas de todas esas personas que en distintos momentos han ido entrando en tu vida y se han colado en ese particular ranking de personas que son importantes para tí, y que sabes que si a día de hoy te faltaran, tú serías menos tú. Te acuerdas también de todas esas personas que han ido cayendo de esa lista de amigos.

Te acuerdas de todas las personas que no te van a felicitar porque ya no están. Personas que lo han sido todo para tí pero que un día, sin previo aviso ni despedida, hacen cierta la frase “Ley de Vida”. Personas que han marcado tu carácter, tus valores, tu historia personal… Y entonces te das cuenta de que sí te estás haciendo mayor, y de que es eso realmente lo que te pesa.

Pero haces balance y ves que la vida sigue y que queda mucho por recorrer. Y que tienes muchas personas a tu alrededor que te van a acompañar gustosamente por ese camino. Y te ves un poco menos solo. Y eso te da fuerza, valor y energía para tirar al menos otros 29 años más.

Gracias a todos por estar ahí.

Nota Mental: Pensar ideas para la próxima fiesta.

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243.- Me Cago en el Amor.

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La frase de Tonino Carotone me viene que ni al pelo. No puedo. Sé que cada vez me parezco al abuelo gruñón de UP, al Scrush del Cuento de Navidad de Dickens y si me apuras hasta al sr. Burns de los Simpsons… Pero cada día soporto menos a las parejitas enamoradas.

Esa fase en la que el uno solo tiene ojos para el otro y la vida es tierna, dulce, suave como nubecitas de algodón color rosa. Fumarse un cigarrillo a media, cruzar en rojos los semáforos, colarse juntos en el autobús o andar a saltos entre el tráfico no puede ser nada bueno.

Seguramente un psicoanalista dijera que se trata del resulado de falta de cariño, de una sucesión de amores fallidos y una espiral de endorfinas. Para mí es algo más visceral. Muchas veces, la arcada no es fingida. Eso de llamarse “churri, cariñito, pequeñín, ¡¡¡gordi!!!”, darse pellizquitos en la mejilla, abrazos interminables donde prima más el cariño que el “refrote”… no va mucho conmigo. Y (beso) estar ha- (beso) hablando con (beso) ellos y… éoo… estoy aquíii!!!

Las muestras de cariño en la intimidad y con un puntito de vergüenza ajena. Vuelvo a mis orígenes: Soy Impar (segunda entrada del blog). Además, siempre me han puesto más los tríos que las parejas.

3.- Soy impar

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¿ parejitas ?

¿ Parejitas ?

Soy impar. Hace ya algún tiempo que me he dado cuenta; a mi alrededor conviven miles de parejitas. Y yo, sólo. Como la soledad. Cosa que no me importa, ¿eh?. Lo que tenga que venir, vendrá. Pero mis amigos, muchos de ellos con pareja desde hace tiempo, han caído en la trampa del “pack”: son un conjunto indivisible. Allí donde vaya él, irá ella. Y viceversa.

Y eso, sí que no me gusta. Porque querer mucho a una persona no puede significar perder la autonomía, la singularidad de ser uno mismo. Tú tienes tiempo para tí, yo tengo tiempo para mí, y ambos tenemos tiempo para estar juntos. Y se mimetiza. Y comen lo mismo. Y visten igual. Y se llaman “cariño” con voz de gato con sobredosis de detergente. Y me entra la náusea. No chicos, chicas. No me gusta.

El apoyo más fuerte que tenía en mi lucha a favor del somos-pareja-pero-cada-uno-por-su-lado se acaba de echar un maromo. Y parece majete, pero se mimetizarán, se convertirán en un pack, y no irán cada uno por su lado. Y yo sólo. Impar.

Quizá todo sea fruto de la envidia. Quizás. Y cuando me toque a mí haga lo mismo. Quizás. Pero menos mal que aún tengo cerca alguna impar. Varios impares forman un buen (y diverso) grupo. Incluso de impares pueden salir parejas, ¿no?.

Fundemos el Club de los Impares, porque llamarlo Corazones Solitarios es muy penoso.