susto

357.- Miedo, Tengo Miedo.

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Fin de semana de “Jalogüin”. No soy de huesos de santo ni función de Don Juan Tenorio, pero me enerva bastante el movimiento “americanizador” de los últimos tiempos. La única calabaza que me gusta es la que echa mi madre al puré. Y la Ruperta. Fin.

Cualquiera que me conozca sabe que soy un poco cagao y que no me gusta nada todo lo que tenga que ver con miedo, y mucho menos con sustos. Pero a veces uno saca el valor de donde no lo tiene y se mete en el cine a sufrir. Los Ojos de Julia es una buena película que consigue lo que pretende: hacerte estar en tensión las dos horas que dura.

Pero lo que más pánico me ha dado este fín de semana ha sido una entrevista a Mariano Rajoy publicada el domingo en El País. Miedo porque habla de recortes en derechos civiles (aboro, matrimonio homosexual, igualdad…) y deja entrever un duro plan de ajuste económico (menos gasto social, menos inversión pública, menos impuestos indirectos, más directos, privatización de servicios…) Ni los los niños disfrazados de esqueleto, ni los chillos de Belén Rueda: una puta entrevista en un periódico, eso sí que es terror del bueno.

Pinsen, piensen. Y si lo creen conveniente… actúen.

Leer la Entrevista

 

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195.- Cagao, Gallina, Cobarde.

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pollo

Pues eso: gallina, cobarde, miedica… Llamarme lo que queráis, hasta Chicken Litlle si os váis a quedar más contentos porque soy un cagao. No me gustan las experiencias que no están bajo mi control, ni las sorpresas ni los sustos. Empezando por las películas de miedo; no me gusta pasarlo mal en el cine, sentirme agobiado, perseguido, acojonadillo en la butaca de la sala. Tampoco puedo con las casas del terror, y reconozco que no me he subido a ninguna. Nunca, ni siquiera en la cutrilla casa del parque de zaragoza.

Este fin de semana nos fuimos de vacaciones a Salou: playita, bares y Port Aventura, parque acuático incluido. Y creo que más claro no puede quedar, no me gusta que la adrenalina de mi cuerpo se dispare hasta las nubes. Había estado en anteriores ocasiones en el parque y me costó mucho subirme al Dragón Khan. Avisé a mi acompañante “oblígame a subir porque luego me arrepentiré”. Y así fué: me puse en la cola y al tiempo de montarme decidí que no. Delante mía había una niña de unos diez años, pizpireta ella, que subió alegre y dispuesta a la monstruosa máquina. El orgullo me pudo y me dije, si ella puede yo también. Un minuto más tarde me bajaba mareado, con los testículos en el lugar de las anginas y jurando que jamás, jamás en la vida volvería a subirme.

Y este viaje cumplí mi promesa y no me monté. Las gemelas, perdón, las valientes de las gemelas jamás habían estado y estaban decididas a darlo todo. Poco más tarde se dieron cuenta de que el acojono que tenía su hermano era bastante razonable y siguieron mi ejemplo. La Furia de Baco me acojonó demasiado. Tanto como para montarme pese a que me la habían recomendado mucho.

Eso de pasar miedo por pasar miedo… No. Las emociones fuertes en la cama.