trabajo

202.- Elegir. O no.

Posted on Actualizado enn

encrucijada

Recuerdo que cuando tenía unos trece años se pusieron de moda una colección de libros bajo el título “Elige tu Propia Aventura”. Leías un par de páginas y te ponía: si quieres subir a la nave espacial ve a la página 23, si por el contrario deseas volver a buscar a tu amigo jhon pasa hasta la página 40. Al final elegías tú el camino por el que la historia del libro disurría y releías el libro varias veces cambiando tus elecciones. También, claro, cambiaba el final.

A mi nunca se me ha dado bien lo de elegir, y mucho peor aún esperar a ver que ocurre después con la opción señalada. Pero mi vida, como la de muchos, es un constante elegir. Seguridad o libertad. Corto o largo plazo.

Esta semana me han ofertado un trabajo, con unas caracerísticas especiales claro. Cogerlo o esperar a que venga otra cosa. Elegir. Hacerlo bien o no. Lo he dejado encima de la mesa; en estos momentos económicamente difíciles he dicho que no. Ya he elegido mi camino, ahora toca andar por él y comprobar que has hecho lo correcto. Porque hagas lo que hagas, habrá estado bien hecho.

178.- Recién Parida.

Posted on Actualizado enn

Ayer leí un texto en EL PAÍS de Luz Sanchez-Mellado

que no puedo por menos que reproducir por lo mucho que me gustó.

parto

Mañana vuelvo al trabajo después del parto. No veo el momento. Voy más ancha que larga. He empalmado el permiso de maternidad y las vacaciones, pero 20 semanas no son nada para desembarazarse de los kilos del embarazo. Cuando llegué a 22 dejé de contarlos y aún tardé tres semanas en parir. Lo de dar a luz es un eufemismo de revista femenina. Lo mío fue un parto como está mandado. A pelo.

Me dejaron en dilatación diciéndome que iba para largo. Pero a la hora, mientras me clavaban en el lomo la banderilla de la epidural, vino la matrona, me metió mano y empezó a chillar que al paritorio, que ya. “Estas cuarentonas no tienen término medio, o van a cesárea o se les cae el crío a plomo”, oí que le decía a otra mocosa por lo bajinis. Me dolió, mira tú. Una cosa es ser primípara añosa y otra que te lo recuerden cuando estás en un ay, sudando a mares y con el culo al aire.

El celador fue más amable. “Levanta el culete, que nos vamos”, va y me dice el tipo, un yogurín cosidito de piercings. ¡Culete!, a mí, con semejante pandero. Qué mono. La niña salió en tres empujones, eso sí. Acababan de coserme los puntos de la episiotomía cuando noto un cosquilleo en los bajos. La epidural. Más vale tarde que nunca. No pegué ojo en tres días, pero tuve las piernas dormidas toda la noche, algo es algo.

De la lactancia ni hablamos. Que me perdonen las de la Liga de la Leche, pero yo me rajo. Aún tengo los pezones como badajos después de semanas ordeñándomelos sin saciar a la criatura. Desde que le enchufé biberones como extintores cada tres horas fue otra niña. Y yo, otra mujer.

Con mi poquita de depresión posparto, vale. Que parece que sólo la tienen las famosas. Que si Brooke Shields, o Gwyneth Paltrow, o cualquier guiri con glamour se confiesa en el Hola, le hacemos la ídem muertas de la empatía: qué sencilla, qué humana, cómo sufre. Pero tú, que tenías tantas ganas. Tú, que casi se te socarra el arroz esperando al padre perfecto. Tú, que te has pasado dos años en reproducción asistida visto que no aparecía. Tú ¿de qué te quejas, mona? De la vida. Mañana vuelvo al curro. Vuelvo a ser persona. No una alienígena como esa Miranda Rijnsburger, señora de Julio Iglesias, que salía de la clínica con los gemelos en brazos y los pitillo bailándole en las caderas. A mí también me baila la ropa. Me he agenciado un surtido de blusas flotantes y bombachos tipo Bollywood que ni me rozan las lorzas. Igual creo tendencia en la empresa. Para algo soy la jefa.

151.- Aquí pasan esas cosas…

Posted on Actualizado enn

adios

  • ¿Qué le ocurre al señor de la cama contigua? ¿Por qué tose tanto? ¿No pueden darle algo para que se calle? – preguntó el jovencito molesto por los ruidos de su compañero de habitación.
  • Perdona – respondió dulcemente la enfermera. – Se está muriendo. Aquí pasan esas cosas.

(Anécdota prestada)

Sí, nadie, ni familiares ni trabajadores nos acostumbramos a lo que muchas veces pasa en los hospitales: la gente se muere. No estamos preparados, ninguno, aunque sabemos que a todos nos va a llegar la hora antes o después. Esta semana se me murió mi primer paciente. Llevo tiempo trabajando en urgencias, pero la verdad es que ni siquiera de prácticas me tocó pasar el mal trago de hablar con la familia. Es duro, y por eso nos hacemos una coraza. Somos fríos, a veces hasta mecánicos en momentos así. Porque somos humanos, y nos afecta.