transición

303.- Cuento sin Final Feliz. Aún.

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Érase una vez un país que vivía en democracia, algo que los propios ciudadanos habían elegido en las urnas. Un día, unos a los que no les gustaba que todo el mundo viviera en igualdad de derechos y libertades decidieron levantar sus fusiles para hacerse oir. Pronto la gente se quedó en uno de los dos bandos y se produjo una terrible guerra entre ellos. Los que se habían sublebado ganaron y su cabecilla ocupó el cargo de jefe del país.

Los derechos se redujeron, las libertades también. Los ganadores ganaron mucho, y los perdedores lo perdieron todo. Todo y más. El miedo, el terror, las desapariciones, secuestros y asesinatos se sucedieron durante muchos años, pero nadie podía decir nada porque la ley del silencio marcaba el día a día.

Pero un día el dictador murió, y los vecinos del país vislumbraron una pequeña costura por la que romper el corsé que les oprimía. La luz, el color, los derechos, el progreso, la libertad… Querían recuperar el tiempo perdido, y eso pasaba por mirar hacia adelante, tratando de olvidar a marchas forzadas aquellos 40 años de oscuridad.

Pero los desaparecidos siguieron estándolo, los cadáveres siguieron enterrados en las cunetas de las carreteras, las familias continuaron sin saber qué había sido de su gente y los asesinos de su propios vecinos quedaron impunes, sin mancha alguna en sus vidas.

Una historia sin final feliz para muchos. Pero en algún momento habría que saldar esa cuenta pendiente, ¿no?.

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