volver

392.- Al Lugar donde has sido Feliz…

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Joaquín Sabina decía en Peces de Ciudad esto mismo, que “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”.

Este fin de semana y por casualidad, he vuelto a asomarme a esta ventana desde la que se ve la playa. Ventana desde la que un día y siendo muy feliz, había disfrutado de una de las mejores vistas que conozco.

Y desde que pones el pie en el lugar y comienzas a subir la colina los recuerdos comienzan a trepar por tus piernas como si de unas enredaderas se trataran. Da igual que quieras como que no. Te invaden palabras, olores, imágenes y sensaciones que te recuerdan lo feliz que un día fuise ahí. ¿Merece la pena volver?

Llegas a la cima y vuelves a mirar y compruebas que aparentemente nada en el paisaje ha cambiado. Calculas el tiempo de aquello y haces el inevitable balance de estos años. Quizá ahora no seas igual de feliz que entonces. No significa ni más ni menos, mejor o peor, si no diferente.

Conservo una fotografía de aquella visita. Esta vez he querido hacer la misma fotografía: esa ventana enmarcando la playa. Pero esta vez no hay nadie mirando por ella. Rectifico. Al lugar donde has sido feliz deberías tratar de volver, para darte cuenta de que lo sigues siendo. Y esta vez, de verdad.

Nota Menta: Medio kilo de anchoas, tres pimientos verdes, aceite de oliva, sal…

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178.- Recién Parida.

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Ayer leí un texto en EL PAÍS de Luz Sanchez-Mellado

que no puedo por menos que reproducir por lo mucho que me gustó.

parto

Mañana vuelvo al trabajo después del parto. No veo el momento. Voy más ancha que larga. He empalmado el permiso de maternidad y las vacaciones, pero 20 semanas no son nada para desembarazarse de los kilos del embarazo. Cuando llegué a 22 dejé de contarlos y aún tardé tres semanas en parir. Lo de dar a luz es un eufemismo de revista femenina. Lo mío fue un parto como está mandado. A pelo.

Me dejaron en dilatación diciéndome que iba para largo. Pero a la hora, mientras me clavaban en el lomo la banderilla de la epidural, vino la matrona, me metió mano y empezó a chillar que al paritorio, que ya. “Estas cuarentonas no tienen término medio, o van a cesárea o se les cae el crío a plomo”, oí que le decía a otra mocosa por lo bajinis. Me dolió, mira tú. Una cosa es ser primípara añosa y otra que te lo recuerden cuando estás en un ay, sudando a mares y con el culo al aire.

El celador fue más amable. “Levanta el culete, que nos vamos”, va y me dice el tipo, un yogurín cosidito de piercings. ¡Culete!, a mí, con semejante pandero. Qué mono. La niña salió en tres empujones, eso sí. Acababan de coserme los puntos de la episiotomía cuando noto un cosquilleo en los bajos. La epidural. Más vale tarde que nunca. No pegué ojo en tres días, pero tuve las piernas dormidas toda la noche, algo es algo.

De la lactancia ni hablamos. Que me perdonen las de la Liga de la Leche, pero yo me rajo. Aún tengo los pezones como badajos después de semanas ordeñándomelos sin saciar a la criatura. Desde que le enchufé biberones como extintores cada tres horas fue otra niña. Y yo, otra mujer.

Con mi poquita de depresión posparto, vale. Que parece que sólo la tienen las famosas. Que si Brooke Shields, o Gwyneth Paltrow, o cualquier guiri con glamour se confiesa en el Hola, le hacemos la ídem muertas de la empatía: qué sencilla, qué humana, cómo sufre. Pero tú, que tenías tantas ganas. Tú, que casi se te socarra el arroz esperando al padre perfecto. Tú, que te has pasado dos años en reproducción asistida visto que no aparecía. Tú ¿de qué te quejas, mona? De la vida. Mañana vuelvo al curro. Vuelvo a ser persona. No una alienígena como esa Miranda Rijnsburger, señora de Julio Iglesias, que salía de la clínica con los gemelos en brazos y los pitillo bailándole en las caderas. A mí también me baila la ropa. Me he agenciado un surtido de blusas flotantes y bombachos tipo Bollywood que ni me rozan las lorzas. Igual creo tendencia en la empresa. Para algo soy la jefa.

124.- De Vuelta.

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vacaciones

He vuelto. Con mucha pena, pero ya estoy de vuelta. Vengo moreno, viajado, descansado. Con energía, serenidad, fuerza. Después de 8 días intensos en los que el buen humor ha primado por encima de todo. Ha sido como una terapia. Queda por delante mucho trabajo, muchas decisiones que tomar, pero estoy preparado. Vuelvo de Grecia con un amuleto y un sueño a la espalda. Y enamorado de un país y una forma de vida; acaba de desbancar a Italia.

Gracias a todos los que leyeron las mini-píldoras que dejé programadas. Prometí fotos e impresiones y las habrá, sólo necesito un poco de tiempo para seleccionar fotografías, mañana o pasado como mucho. Y si alguien se anima, que me indique como cogarlas de alguna forma en el blog (como video, album o lo que sea, la verdad es que soy un poco zoquete en esto de la informática).

Poe cierto, si alguna vez me no me encuentran, que traten de buscarme por allí.

69.- Volver…

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volver

Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida.
Tengo miedo de la noche que pobladas de recuerdos encadenan mi soñar.
Pero el viajero que huye tarde o temprano detiene su andar.
Y aunque el olvido que todo destruye haya matado mi vieja ilusión,
guardo escondida una esperanza humilde que es toda la fortuna de mi corazón.
Volver…

Después de “volver” a ver ayer la película, hoy más que nunca me gustaría que volviera, que se me apareciera con su bata azul, su jersecillo, sus zapatillas de paño negras, quejándose de sus males, contándome sus historias, sus despistes… Aunque tuviera que hacerse pasar por rusa como la maura; cada vez que la veía no podía dejar de acordame de ella.